Dicen que el oficio de abrir las piernas es la profesión más antigua del mundo. Podríamos especular horas enteras acerca de los motivos de tan importante título (cuestiones biológicas, culturales, sociales), pero hoy prefiero hablar de otra cosa. ¿Es la prostitución un trabajo, o no?

Existen hoy en Buenos Aires dos asociaciones que algutinan trabajadoras sexuales:
AMMAR (nucleada en la CTA) y
AMMAR Capital. Como podrán adivinar por sus nombres, la segunda es una fracción de la primera. La separación se dio cuando el debate acerca de considerar la prostitución como un oficio marcó irrenunciables diferencias. Como lo expresan las muchachas de AMMAR Capital,
"luego de profundos debates internos referidos a la validez de la figura de «trabajadoras sexuales» y la conveniencia de sindicalizar la actividad (...) [llegamos] a la conclusión de que si bien nuestra lucha era y es para mejorar y transformar las condiciones de vida de las mujeres en situación de prostitución, nuestra prioridad debía ser nuestra condición de mujeres excluidas socialmente."
Por su parte, las chicas de AMMAR (a secas) siguen sosteniendo la importancia de la sindicalización de las putas, en pos de luchar por mejores y más seguras condiciones de trabajo, como cualquier otra rama de trabajadores lo hace.
Este debate me parece oportuno e importante.
Personalmente, creo que es una realidad ineludible que la mayoría de las mujeres que se dedican a la prostitución hoy no lo hacen por
elección, sino más bien porque no tienen otra opción. Estas chicas pertenecen a los sectores socioeconómicos más castigados de nuestra sociedad capitalista, donde el hambre y las necesidad básicas reinan como criterios casi únicos a la hora de tomar decisiones. Estas chicas no eligen ser putas, son otros los que eligen por ellas. Son quienes las condenan a nacer en hogares con
necesidades básicas insastisfechas, sin acceso a agua potable, un sistema de salud efectivo y educación accesible. Los responsables de esto son muchos, somos todos: en tanto no se generen verdaderas políticas públicas de transformación socioeconómica que impida que haya niños y niñas muriéndose de hambre o enfermedades curables en el país, los responsables se encuentran en la "clase política"; en tanto nosotros, como pueblo, no ponemos el grito en el cielo y nos organizamos políticamente para dar la disputa, somos también responsables.
Yo entiendo, y sé y creo, que la mayoría de las mujeres que se dedican a la prostitución se ven empujadas a ella por estos factores económicos, sociales y culturales. Pero, sin embargo, hay mujeres que, teniendo otra opción laboral, eligen la más antigua. Por placer, por dinero, por las razones que ellas tengan, lo cierto es que (esto nadie lo puede negar tampoco) hay mujeres que
sí eligen ser prostitutas. ¿Son la mayoría? Claramente no. Pero que las hay,
las hay.
Es por esto que no estoy de acuerdo con la postura de AMMAR Capital. Tal como dije al principio, la prostitución es el oficio más antiguo del mundo. ¿Acaso estas mujeres creen que con la abolición de la prostitución por ley el ejercicio de la misma se va a terminar? Al contrario. El prohibicionismo se ha desmostrado a sí mismo como una herramienta incapaz de soluciones. Miremos el caso de la marihuana. ¿Acaso la penalización del consumo de la misma ha logrado algún avance en contra de los grandes narcotraficantes? Nada más lejos de la realidad: el prohibicionismo es el paraguas más fuerte con el que cuentan los grandes cárteles para seguir funcionando cómodamente.
Además... digo, ¿no? ¿Qué pasa con las chicas que sí eligen esa profesión como fuente de trabajo? ¿Quiénes somos nosotros o cualquiera como para impedirles ejercer el trabajo que desean? Este factor fuera de cuadro me violenta. La verdad, creo que quienes reclaman la abolición de la prostitución no sólo no las tienen en cuenta, sino que las desprecian. Detestan la idea de que una mujer pueda gozar con los beneficios de ser trabajadoras sexuales, como si el hecho de que un cliente le produzca un orgasmo a la prostituta es una ofensa contra la ontología misma del
ser mujer. No les está permitido gozar con su cuerpo y su trabajo.
¡Eso es de putas!
Es innegable que, dada la antigüedad de la profesión, la demanda de sexo pago existe y segurirá existiendo siempre, sea aquella legal o no. Reclamar la prohición de su ejercicio sólo ayuda a los consumidores y perjudica a las trabajadoras, en tanto las corona como criminales, en lugar de mejorar sus condiciones laborales.
La solución al problema de las chicas que no eligen prostituirse, sino que se ven empujadas a hacerlo, no está en prohibir la prostitución. Está, como dije antes, en construir un modelo de país diferente donde nadie deba verse obligado a prostituirse si quiere comer. En tanto, considerar la prostitución como un trabajo es un primer paso para reclamar mejoras y derechos laborales. Como en cualquier otro gremio.