Me sedujo un director. Dijo que iba a venir a cenar y no vino. Me sedujo y me plantó. Ufa.
Me visitó Gonzalo, ayer y hoy. No cogimos ninguno de los dos días. Cachondeo al extremo, pete en la cocina, colmillos en el cuello, pero nada más. En un rato vuelve.
Pero yo me voy.
Hoy el León me pega.
Y me va a pegar un montón.
sábado, junio 18, 2011
Casi lista
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Porteñita Secreta
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miércoles, junio 15, 2011
El león y la porteñita
Me pregunto si mis queridos y cachondos lectores esperan raccontos de mí. Dado que pasó un tiempito desde la última entrada, imaginarán que sucedieron cosas. La duda que tengo es si detallarles lo acontecido en estos días, como que me arreglé con Gonzalo, o que le cancelé el sábado pasado la sesión de juego a mi entrenador. ¿Los decepciono? La vida es así.
Pero hoy quiero cambiar algo. No me gusta "Bart". Le puse ese sobrenombre para que me pegue más fuerte, porque como él dijo, soy una smart-ass y me gusta provocarlo. Un poquito. Mucho no porque sino cobro demasiado. Pero un poquito sí. Pero me aburrí. No quiero que un caballero tan interesante de los tantos que sobrevuelan por mi vida tenga un sobrenombre tan pedorro en mi exquisito blog.
Así que lo voy a renombrar. It's my blog and I change it if I want to. A partir de ahora, a mi entrenador le voy a llamar León. Sé que nunca lo describí físicamente, y nunca lo voy a hacer. Pero quizás este sobrenombre les dé una imagen visual más precisa. Siempre va a ser mejor que me imaginen en tanga y tercera posición con un león azotándome que con un Simpson. Es más mejor. Más eróstico.
El día de mi enojo, me hice las uñas. Me quité las cutículas por primera vez. Sangraba. No me molestaba. Incluso lo disfrutaba. Creo que es parte de mi masoquismo. Pequeños dolores autoinfligidos, sin llegar a ser secretaria, pero algo hay. Se lo conté a León. Me reprobó. Y se quedó preocupado. Así que ayer me invitó a su casa a charlar.
Soy transparente a sus ojos, dice. Sabe qué pasa por mi cabeza mientras me humilla con el collar puesto, mientras me castiga y me azota y me libera. Quiero ser castigada por no ser perfecta. Nuestros juegos por sus órdenes y mis dolores son, para mí, un viaje de búsqueda de mí misma, y de aceptación, y de amor. Amor por mí misma.
"Nunca vas a estar con un tipo normal. Más vale que lo vayas asumiendo. Nunca vas a poder ser monogámica. No se puede ser Susanita y Porteñita al mismo tiempo."
Pero hoy quiero cambiar algo. No me gusta "Bart". Le puse ese sobrenombre para que me pegue más fuerte, porque como él dijo, soy una smart-ass y me gusta provocarlo. Un poquito. Mucho no porque sino cobro demasiado. Pero un poquito sí. Pero me aburrí. No quiero que un caballero tan interesante de los tantos que sobrevuelan por mi vida tenga un sobrenombre tan pedorro en mi exquisito blog.
Así que lo voy a renombrar. It's my blog and I change it if I want to. A partir de ahora, a mi entrenador le voy a llamar León. Sé que nunca lo describí físicamente, y nunca lo voy a hacer. Pero quizás este sobrenombre les dé una imagen visual más precisa. Siempre va a ser mejor que me imaginen en tanga y tercera posición con un león azotándome que con un Simpson. Es más mejor. Más eróstico.
El día de mi enojo, me hice las uñas. Me quité las cutículas por primera vez. Sangraba. No me molestaba. Incluso lo disfrutaba. Creo que es parte de mi masoquismo. Pequeños dolores autoinfligidos, sin llegar a ser secretaria, pero algo hay. Se lo conté a León. Me reprobó. Y se quedó preocupado. Así que ayer me invitó a su casa a charlar.
Soy transparente a sus ojos, dice. Sabe qué pasa por mi cabeza mientras me humilla con el collar puesto, mientras me castiga y me azota y me libera. Quiero ser castigada por no ser perfecta. Nuestros juegos por sus órdenes y mis dolores son, para mí, un viaje de búsqueda de mí misma, y de aceptación, y de amor. Amor por mí misma.
"Nunca vas a estar con un tipo normal. Más vale que lo vayas asumiendo. Nunca vas a poder ser monogámica. No se puede ser Susanita y Porteñita al mismo tiempo."
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viernes, junio 10, 2011
Fuck you
Pero la concha de Dios y la santísima trinidad de mi cajeta y tus pelotas. Esto apesta. Todo romántico y amoroso, con sonrisas transparentes y carita de cachorro, forro, pendejo, la puta que te parió infeliz, mirá cuánta mierda puedo escupir mientras me fumo un fini y me tomo un vino y me preparo para salir a romper la noche sin vos. Qué hermoso es putear así, en palabras altas y a voz callada, concentrando todo mi odio en los dedos que taladran, no golpean, las teclas con la furia de un demonio mujer que vive en mí y que despertaste. Son las etapas: la incertidumbre, la certeza, las sonrisas, el sexo, los mimos, las palabras, la distancia, las dudas, la paranoia, y la confirmación de que sos un reverendo hijo de puta que no piensa en los demás, o sea en mí, ni en las otras dos que te cogés y me refregás en la cara, pidiendo una mano, cararrota, mamerto inalterable con más levante del que puede manejar. It's like, basic, right? Tarado. Qué profundo mi desarraigo, qué frágil mi enamoramiento. A veces pienso que soy demasiado perceptiva, leyendo el lenguaje corporal, analizando sin parar con mi perfecto y desastroso cerebro las actitudes de un crío de 12 años gigante al cual ENCIMA se me ocurre prestarle atención, I mean, what's fucking wrong with me?? Es esa puta debilidad que tengo por los chicos buenos, ese fetiche por los gorditos en la frontera de lo incogible, qué desastre, meu deux.
Menos mal que mañana me fajan.
Qué bien que me vendría igual, que me fajen ahora. Bien fuerte.
Bárbaro me vendría.
Menos mal que mañana me fajan.
Qué bien que me vendría igual, que me fajen ahora. Bien fuerte.
Bárbaro me vendría.
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miércoles, junio 08, 2011
Viking love
Rompí la racha. Después de tres meses volví a coger. Esta vez sí. Con pija, por la concha, bien tradicional. Fue fantástico.
El sábado a la noche me visitó un vikingo. Mi roomate no estaba, así que invité a Gonzalo. Me dijo que no, que habíamos dicho mañana. ¿Con que no, eh? Dame cinco segundos. Abro el MSN y le regalo a otro todo el sexo que te perdés. Puto. Snif.
El vikingo pedaleó desde Villa Crespo hasta San Telmo con un vino en la mochila. Charla, porro, copas, besos, sexo. Resultó que hacía mucho más tiempo que él no estaba con una mujer que yo con un hombre. Y se notaba. Cómo me cogió. Cómo me lo cogí. Nos destrozamos el cuerpo. No podíamos parar.
Es una bendición este rubio. Mi amiga Gi dice que me cogí a Thor. Tiene algo de razón. Mide 1,92m, es rubio de ojos verdes y pelo largo. Una onda tiene. Bastante.
Y una pija tan divina... un dios nórdico en sí misma. Con pendejos color cobre. Impresionante. Estoy teniendo mucha suerte con las porongas últimamente. Afrodita me extrañó y me manda regalos en forma de hombre, dándome la bienvenida una vez más.
Si no fuera por los cálculos que tenía que hacer con los forros que íbamos gastando, diría que no tengo idea de cuántos polvos nos echamos. Pero la tengo. Fueron ocho. Tres a la noche y cinco el domingo. Porque se quedó el domingo. Mi roomate volvió, tomamos mate los tres, se volvió a ir y me volví a llevar a la cama al dios del trueno.
Sonó el celular. No atendí. Sabía que era Gonzalo. Había dicho que iba a venir.
Sos insasiable, dijo. Cogés muy bien, dijo también. Me reí. Como si no lo supiera.
Fue una maratón. Sin repetir y sin soplar, posiciones del kamasutra, ya. No te digo las aeróbicas, pero las clásicas, las pasamos todas. Menos el 69. Que a mí mucho no me divierte. Pero el resto, todas. Me gustó mucho montarlo. Tiene la angulación peneana exacta. Frota el punto G sin parar. Me vuelvo loca ahí arriba.
Vuelve a sonar el teléfono. Atiendo. Es Gonzalo. Estoy con un amigo, tomando mate. Venite más tarde. Sigo cogiendo.
Además, no sólo se le paraba. Se le paraba rápido y durísima, casi sin esfuerzo. Es el paraíso. Tanta pija a media asta he tenido que remontar... Y me vuelvo a encontrar con un semental. Qué buena noticia.
Le bajé a abrir. Sería lindo repetirlo, pero no te voy a llamar, corazón. Llamame vos, le dije. Vemos, respondió. Veremos pues.
Subo de nuevo. Estoy sola, recién cogida, de muy buen humor. Me armo un porro y sigo tomando mate. Chequeo la compu, boludeo, escribo un rato.
Suena el celular. Es Gonzalo. Está abajo.
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Porteñita Secreta
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martes, junio 07, 2011
Invitado especial
Mis amantes me disfrutan de muchas maneras, pero los hay privilegiados. No todos saben de este blog, ni que escribo nuestras aventuras de sábanas. Pero algunos, más afortunados, lo conocen y lo siguen, y se excitan leyéndome, no sólo cogiéndome.
My Lord (¿me permitirá decirle así? ¿me castigará por el atrevimiento?) is pleased with my writting. Y me ha honrado escribiendo para este blog, como entrada especial. No es la primera vez que un amante escribe para El Túnel de mis Piernas, pero, técnicamente, Bart no es mi amante.
Imagino que les interesa saber qué opina él de llenarme el culo de moretones. Les dejo entonces con sus palabras. Disfrútenlas.
Hola. Soy el (casi) cuarentón que ha sido desgraciadamente bautizado con el seudónimo de “Bart” por la veinteañera autora de este blog. A pesar de lo ignominioso del epíteto, acepto utilizarlo para este (y quizás subsiguientes) textos a ser publicados aquí. Y es que esta seudo victoria de la puta (más sobre ese nombre en los párrafos siguientes) le costará. Y cuando digo “le costará”, sé que un cosquilleo le recorré la concha. Así que todos ganamos.
Qué extraño el juego en el que todos ganan, y nadie compite. El BDSM es un juego así: ganancia pura.
La sumisa, una vez entregado el poder simbólico inicial a su dominante, descansa de toda decisión. En efecto, se ve objetificada; pierde su nombre. El apelativo con el que se la va a llamar cobra entonces suma importancia. Debe ser una palabra que pueda entonarse de formas diferentes, con diferentes significados, pero que contenga la idea subyacente del sometimiento.
En el primer encuentro le dije que debíamos ponerle ese nombre, y que ella debía sugerirme algunos hasta encontrar el que me pareciera mejor.
En el segundo encuentro la puta todavía no había pensado un apelativo, y frente a la amenaza del castigo fingió conmoverse, pero no ofreció ninguna propuesta.
Es así que en este acto la nombro puta. ¿Por qué “puta”, una palabra tan común, tan usada? Algunas razones tengo, no todo es capricho.
Primero, “puta” puede ser dicho de muchas formas: amorosamente, con violencia, con furia, con desprecio, con orgullo… un gran rango para una sola palabra.
Segundo, debo admitir que soy un hombre de gustos más bien básicos, y “puta” is as basic as you can get.
Tercero, y lo más importante: la puta en cuestión, la puta que escribe este blog, se arrepiente de su pasado de puta. Le da vergüenza. Siente que perdió cosas por ser puta. Y yo creo que es mi deber, honestamente, que aprenda que también ganó cosas por ser puta. Y que puede ganar más si acepta que es puta por naturaleza en vez de huir de eso.
Porque la sumisión no es sólo a otro: también tiene que ver con la sumisión a lo que uno es; con aceptarse; con amarse lo suficiente como para perdonarse.
En el BDSM nos encontramos con la aceptación de los impulsos que muchos sentimos, y que en la vida diaria nuestro cuerpo ético no nos permitiría ni siquiera considerar. Pero en el juego de la dominación y la sumisión podemos permitirnos ludizar/sexualizar esos impulsos y convertirlos de algo que nos haga mal en algo que nos enriquezca. Ejercer poder, castigar, causar dolor e incomodidad, por un lado y disfrutar de la humillación, del sometimiento, del dolor y la incomodidad, por el otro, se convierten en cuestiones posibles, no en algo a ser rechazado.
Por eso será “puta” esta puta.
Condiciones de buena sumisa no le faltan, eso es real. Tiene la necesidad de complacer que es imprescindible. Es sólo a través de aceptar esa necesidad que tiene de complacer que va a encontrar la liberación.
Que son esas lágrimas que la puta menciona en su post “Que duela”. No son lágrimas de dolor, ni de humillación, ni de vergüenza. Son la única respuesta que tiene el cuerpo para una sensación nueva y diferente que es el espacio al que el sumiso se transporta mientras dura el juego.
Porque es un juego todo, claro. Comienza cuando lo quiere la sumisa, y puede terminar en el instante en el que lo quiera la sumisa. Ese es el gran, liberador, secreto: el poder simbólico lo tengo yo, con mis palabras y mis varillas de madera y mis látigos y rebenques; pero el poder real lo tiene ella, que con una palabra me detiene.
Una palabra, “sakura”, que tuve la satisfacción de oírla decir dos veces en nuestro último encuentro. Es una satisfacción porque quiere decir que estamos tocando un límite y que, al mismo tiempo, ella es lo suficiente consciente como para parar cuando quiere parar.
No es ninguna idiota, esta puta que me agencié. Para nada. Aunque se equivoque con respecto a la cantidad de culos que he hecho en mi vida, siendo un cuarentón casi.
Sí, es pilla. También es una smart-ass, y va a aprender a no serlo conmigo. Me parece que ambos disfrutaremos de ese proceso de aprendizaje.
Ah, y de veras que tiene un hermoso ano.
My Lord (¿me permitirá decirle así? ¿me castigará por el atrevimiento?) is pleased with my writting. Y me ha honrado escribiendo para este blog, como entrada especial. No es la primera vez que un amante escribe para El Túnel de mis Piernas, pero, técnicamente, Bart no es mi amante.
Imagino que les interesa saber qué opina él de llenarme el culo de moretones. Les dejo entonces con sus palabras. Disfrútenlas.
Hola. Soy el (casi) cuarentón que ha sido desgraciadamente bautizado con el seudónimo de “Bart” por la veinteañera autora de este blog. A pesar de lo ignominioso del epíteto, acepto utilizarlo para este (y quizás subsiguientes) textos a ser publicados aquí. Y es que esta seudo victoria de la puta (más sobre ese nombre en los párrafos siguientes) le costará. Y cuando digo “le costará”, sé que un cosquilleo le recorré la concha. Así que todos ganamos.
Qué extraño el juego en el que todos ganan, y nadie compite. El BDSM es un juego así: ganancia pura.
La sumisa, una vez entregado el poder simbólico inicial a su dominante, descansa de toda decisión. En efecto, se ve objetificada; pierde su nombre. El apelativo con el que se la va a llamar cobra entonces suma importancia. Debe ser una palabra que pueda entonarse de formas diferentes, con diferentes significados, pero que contenga la idea subyacente del sometimiento.
En el primer encuentro le dije que debíamos ponerle ese nombre, y que ella debía sugerirme algunos hasta encontrar el que me pareciera mejor.
En el segundo encuentro la puta todavía no había pensado un apelativo, y frente a la amenaza del castigo fingió conmoverse, pero no ofreció ninguna propuesta.
Es así que en este acto la nombro puta. ¿Por qué “puta”, una palabra tan común, tan usada? Algunas razones tengo, no todo es capricho.
Primero, “puta” puede ser dicho de muchas formas: amorosamente, con violencia, con furia, con desprecio, con orgullo… un gran rango para una sola palabra.
Segundo, debo admitir que soy un hombre de gustos más bien básicos, y “puta” is as basic as you can get.
Tercero, y lo más importante: la puta en cuestión, la puta que escribe este blog, se arrepiente de su pasado de puta. Le da vergüenza. Siente que perdió cosas por ser puta. Y yo creo que es mi deber, honestamente, que aprenda que también ganó cosas por ser puta. Y que puede ganar más si acepta que es puta por naturaleza en vez de huir de eso.
Porque la sumisión no es sólo a otro: también tiene que ver con la sumisión a lo que uno es; con aceptarse; con amarse lo suficiente como para perdonarse.
En el BDSM nos encontramos con la aceptación de los impulsos que muchos sentimos, y que en la vida diaria nuestro cuerpo ético no nos permitiría ni siquiera considerar. Pero en el juego de la dominación y la sumisión podemos permitirnos ludizar/sexualizar esos impulsos y convertirlos de algo que nos haga mal en algo que nos enriquezca. Ejercer poder, castigar, causar dolor e incomodidad, por un lado y disfrutar de la humillación, del sometimiento, del dolor y la incomodidad, por el otro, se convierten en cuestiones posibles, no en algo a ser rechazado.
Por eso será “puta” esta puta.
Condiciones de buena sumisa no le faltan, eso es real. Tiene la necesidad de complacer que es imprescindible. Es sólo a través de aceptar esa necesidad que tiene de complacer que va a encontrar la liberación.
Que son esas lágrimas que la puta menciona en su post “Que duela”. No son lágrimas de dolor, ni de humillación, ni de vergüenza. Son la única respuesta que tiene el cuerpo para una sensación nueva y diferente que es el espacio al que el sumiso se transporta mientras dura el juego.
Porque es un juego todo, claro. Comienza cuando lo quiere la sumisa, y puede terminar en el instante en el que lo quiera la sumisa. Ese es el gran, liberador, secreto: el poder simbólico lo tengo yo, con mis palabras y mis varillas de madera y mis látigos y rebenques; pero el poder real lo tiene ella, que con una palabra me detiene.
Una palabra, “sakura”, que tuve la satisfacción de oírla decir dos veces en nuestro último encuentro. Es una satisfacción porque quiere decir que estamos tocando un límite y que, al mismo tiempo, ella es lo suficiente consciente como para parar cuando quiere parar.
No es ninguna idiota, esta puta que me agencié. Para nada. Aunque se equivoque con respecto a la cantidad de culos que he hecho en mi vida, siendo un cuarentón casi.
Sí, es pilla. También es una smart-ass, y va a aprender a no serlo conmigo. Me parece que ambos disfrutaremos de ese proceso de aprendizaje.
Ah, y de veras que tiene un hermoso ano.
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lunes, junio 06, 2011
Que duela
El segundo encuentro había quedado entre paréntesis. Parece que Bart anda extrañando un amor, pero la señorita no está del todo segura. Así que el martes pasado recibí la confirmación. El jueves a las 23hs volvíamos a jugar.
Quería hacer las cosas bien, muy bien, mejor incluso de lo que esperaba de mí. Me depilé hasta el apellido materno (dejando un triangulito negro como evidencia). Me empilché un conjunto Playboy de tanga y corset rosa y negro, a estrenar. Incluso me pinté las uñas de color rosa catinga, para que hagan juego. Medias negras, botas rosas y toqué el timbre.
El vínculo es indescriptible. Mezcla rara de amigos con senpai y marihuana. Me esperaba con un vino esta vez. La marihuana la aporto yo. Y el culo también. Él aporta las órdenes y la pija.
Aprendí mucho el jueves pasado.
Primero me puso una cadena de bici, de esas forradas con un tubo de plástico, al rededor del cuello. Es un símbolo. Mientras la tenga puesta, dejo de ser mi nombre. Los sumisos usan collares de cuero, pero yo no soy sumisa aún. No me lo merezco.
En corset rosa, medias tres cuartos y tanga, comenzó la sesión.
Primero me tiene que castigar.
Hice algo mal.
¿Qué hice mal?...
Quería hacer todo bien...
El jueves pasado, después de que me fui
encontró un tampón en el baño.
SNAP!
Y ahora, además de contar los golpes
tenés que decir gracias.
Me lo merezco.
Cada golpe.
Cometí un terrible error.
Así que los diez golpes dobles,
fuertes,
los agradecí.
Duele menos. Duele igual. Duele tanto como puede doler.
Me equivoqué con el tampón. Me lo merezco.
Que duela.
Date vuelta.
Te voy a enseñar unas posiciones.
Tenés que aprender a pasar de una a otra de forma rápida y que me complazca.
Sin hacer ruido.
La primera posición es de descanso.
De pie, pies juntos, brazos atrás, manos tomándose los codos.
Mirada al frente.
Me cuesta mirar al frente.
Golpe.
Miro al frente.
No me mires a los ojos.
Golpe.
Miro al frente, a la nada, al horizonte infinito de la pared de enfrente.
Tengo frío.
En la siguiente posición me ofrecés tu boca.
De rodillas, piernas separadas.
Manos detrás de la nuca.
Y la boca abierta.
Más abierta.
Más.
Golpe.
Eso.
Y las piernas separadas
son para que pueda hacer esto.
Y me acarició la concha sobre la tanga.
El cuerpo entero me tembló.
La tercera posición es de espaldas.
Cara contra el piso, culo levantado.
Las manos abriéndote el culo.
Recuerdo la postura que la depiladora indica para hacerte la tira de cola.
Me río.
¿De qué te reís?
Golpe.
La tercera posición es la más humillante.
La cara se aplasta contra el piso.
El culo se expone abiertamente.
El collar pesa y ahoga.
Repasamos las tres posiciones. Y sus transiciones.
Me sale mal. O poco sexy, o muy lento, o hago ruido con las rodillas al caer.
Me clavo en la segunda posición.
Quiere chequear algo.
A ver si puedo tragarme la pija entera.
La pija! Finalmente.
Me sentí honrada siquiera de poder verla.
La sumisión hace milagros...
Pero eso no es una pija.
Es una anaconda attacheada a la entrepierna de mi domador.
Es demasiado gorda.
Con razón re obsesiona el sexo anal, lindo...
Poco culos habrás hecho. Incluso siendo casi un cuarentón.
Pero todo esto son pensamientos tímidos que susurran en mi cerebro.
Si tengo la cadena puesta, soy un ser mínimo. Me pierdo entre el miedo y la timidez, refugiándome en las órdenes y el dolor, única realidad. Me ausento de mí misma. O me hundo en mi propia piel.
Hay algo de mí que no conozco y que aparece cuando Bart me domina.
Tantos otros me han pegado golpes mucho más duros que los suyos, sin levantarme una mano. Golpes al orgullo o al corazón, al sentido común, a las esperanzas.
Quizá sea sentir la violencia de un hombre lo que me atrae. Su explicitud. Su inequívoca intención.
Me quiso coger. Lo intentó.
Estuvo laburándome el orto mucho tiempo, en tercera posición.
Se tentó, admitió después.
Su idea no era cogerme hoy.
Pero tengo un hermoso ano, según sus propias palabras.
Me halaga.
Pero no me coge.
No porque no quiera.
Porque no entra.
Es too much gorda.
Y mirá que relajo y relajo...
...y que él aflojó y laburó...
...pero no entra.
Terminé la sesión en lágrimas.
Nunca lloro. No sé por qué lloraba.
Lloraba para poder hacer algo,
para sacar algo.
Lloraba y me liberaba.
Estas sesiones están haciendo más por mí que varios años de análisis.
Quería hacer las cosas bien, muy bien, mejor incluso de lo que esperaba de mí. Me depilé hasta el apellido materno (dejando un triangulito negro como evidencia). Me empilché un conjunto Playboy de tanga y corset rosa y negro, a estrenar. Incluso me pinté las uñas de color rosa catinga, para que hagan juego. Medias negras, botas rosas y toqué el timbre.
El vínculo es indescriptible. Mezcla rara de amigos con senpai y marihuana. Me esperaba con un vino esta vez. La marihuana la aporto yo. Y el culo también. Él aporta las órdenes y la pija.
Aprendí mucho el jueves pasado.
Primero me puso una cadena de bici, de esas forradas con un tubo de plástico, al rededor del cuello. Es un símbolo. Mientras la tenga puesta, dejo de ser mi nombre. Los sumisos usan collares de cuero, pero yo no soy sumisa aún. No me lo merezco.
En corset rosa, medias tres cuartos y tanga, comenzó la sesión.
Primero me tiene que castigar.
Hice algo mal.
¿Qué hice mal?...
Quería hacer todo bien...
El jueves pasado, después de que me fui
encontró un tampón en el baño.
SNAP!
Y ahora, además de contar los golpes
tenés que decir gracias.
Me lo merezco.
Cada golpe.
Cometí un terrible error.
Así que los diez golpes dobles,
fuertes,
los agradecí.
Duele menos. Duele igual. Duele tanto como puede doler.
Me equivoqué con el tampón. Me lo merezco.
Que duela.
Date vuelta.
Te voy a enseñar unas posiciones.
Tenés que aprender a pasar de una a otra de forma rápida y que me complazca.
Sin hacer ruido.
La primera posición es de descanso.
De pie, pies juntos, brazos atrás, manos tomándose los codos.
Mirada al frente.
Me cuesta mirar al frente.
Golpe.
Miro al frente.
No me mires a los ojos.
Golpe.
Miro al frente, a la nada, al horizonte infinito de la pared de enfrente.
Tengo frío.
En la siguiente posición me ofrecés tu boca.
De rodillas, piernas separadas.
Manos detrás de la nuca.
Y la boca abierta.
Más abierta.
Más.
Golpe.
Eso.
Y las piernas separadas
son para que pueda hacer esto.
Y me acarició la concha sobre la tanga.
El cuerpo entero me tembló.
La tercera posición es de espaldas.
Cara contra el piso, culo levantado.
Las manos abriéndote el culo.
Recuerdo la postura que la depiladora indica para hacerte la tira de cola.
Me río.
¿De qué te reís?
Golpe.
La tercera posición es la más humillante.
La cara se aplasta contra el piso.
El culo se expone abiertamente.
El collar pesa y ahoga.
Repasamos las tres posiciones. Y sus transiciones.
Me sale mal. O poco sexy, o muy lento, o hago ruido con las rodillas al caer.
Me clavo en la segunda posición.
Quiere chequear algo.
A ver si puedo tragarme la pija entera.
La pija! Finalmente.
Me sentí honrada siquiera de poder verla.
La sumisión hace milagros...
Pero eso no es una pija.
Es una anaconda attacheada a la entrepierna de mi domador.
Es demasiado gorda.
Con razón re obsesiona el sexo anal, lindo...
Poco culos habrás hecho. Incluso siendo casi un cuarentón.
Pero todo esto son pensamientos tímidos que susurran en mi cerebro.
Si tengo la cadena puesta, soy un ser mínimo. Me pierdo entre el miedo y la timidez, refugiándome en las órdenes y el dolor, única realidad. Me ausento de mí misma. O me hundo en mi propia piel.
Hay algo de mí que no conozco y que aparece cuando Bart me domina.
Tantos otros me han pegado golpes mucho más duros que los suyos, sin levantarme una mano. Golpes al orgullo o al corazón, al sentido común, a las esperanzas.
Quizá sea sentir la violencia de un hombre lo que me atrae. Su explicitud. Su inequívoca intención.
Me quiso coger. Lo intentó.
Estuvo laburándome el orto mucho tiempo, en tercera posición.
Se tentó, admitió después.
Su idea no era cogerme hoy.
Pero tengo un hermoso ano, según sus propias palabras.
Me halaga.
Pero no me coge.
No porque no quiera.
Porque no entra.
Es too much gorda.
Y mirá que relajo y relajo...
...y que él aflojó y laburó...
...pero no entra.
Terminé la sesión en lágrimas.
Nunca lloro. No sé por qué lloraba.
Lloraba para poder hacer algo,
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Lloraba y me liberaba.
Estas sesiones están haciendo más por mí que varios años de análisis.
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jueves, junio 02, 2011
La difícil
Tengo bichito nuevo. Se llama Gonzalo, ponele. Se me antoja. Lo veo mucho porque es amigo de mi roomate. Es gordito y con cara de bueno. Tiene una mirada de miel que me endulza el corazón. Es histeriquito también. Y yo estoy jugando a la difícil. Yo, difícil! ¿Se la imaginan? A ver si siendo menos puta las cosas salen distinto. Capaz terminan saliendo igual. Se me acuesta al lado y no hace nada, el amorsis timidón. Una noche dormimos así, en una cama de una plaza. Y no sapó niente. Al día siguiente me contó que dormida giré y lo tiré al piso. Ups. Sori.
El sábado se volvió a quedar. Esta vez fue la cama grande. No hacía nada. Otra vez. Acostados, te miro, te reís, me mirás, me río yo, cierro los ojos, tenés sueño? No. Yo tampoco... No te duermas. No te duermas. Y se durmió. Y lo desperté con un beso y se rió. Te dije que no te duermas.
Y nos comimos la boca el sábado, durante horas y horas. Esos chapes fuertes y cariñosos, besos oxímoron, pasión tímida. Sin ropa no paramos más. No me la saques. Me sale la difícil! Es fabuloso no coger, y simplemente disfrutar el placer que produce todo lo demás. Los mimos me hacen sonreir y exhalar. No gimas así, es demasiado. Te encontré un punto débil. Primer chape y ya te empecé a mapear. El cuello te vuelve loco. Hija de puta, me dice, y me salta encima de nuevo y me aprieta las muñecas y me destroza la boca. Me encanta. Me re divertí. Quiero más.
Pero esta noche, no.
Esta noche me fajan.
El sábado se volvió a quedar. Esta vez fue la cama grande. No hacía nada. Otra vez. Acostados, te miro, te reís, me mirás, me río yo, cierro los ojos, tenés sueño? No. Yo tampoco... No te duermas. No te duermas. Y se durmió. Y lo desperté con un beso y se rió. Te dije que no te duermas.
Y nos comimos la boca el sábado, durante horas y horas. Esos chapes fuertes y cariñosos, besos oxímoron, pasión tímida. Sin ropa no paramos más. No me la saques. Me sale la difícil! Es fabuloso no coger, y simplemente disfrutar el placer que produce todo lo demás. Los mimos me hacen sonreir y exhalar. No gimas así, es demasiado. Te encontré un punto débil. Primer chape y ya te empecé a mapear. El cuello te vuelve loco. Hija de puta, me dice, y me salta encima de nuevo y me aprieta las muñecas y me destroza la boca. Me encanta. Me re divertí. Quiero más.
Pero esta noche, no.
Esta noche me fajan.
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