sábado, junio 25, 2011

Disfraces

Hoy es el cumpleaños de mi roomate, y como no podía ser de otra manera, es una fiesta de disfraces. Hace meses que anticipó que iba a serlo, así que tuvimos tiempo para ir pensando y armando los costumes. Al principio pensé en ir de Rei Ayanami, pero no quise repetirme (ya había usado ese disfraz en otra fiesta). Me quedé sin ideas.


Hace diez días con mi amiga Gi fuimos a la Bond Street (ella a comprar, yo a mirar) y cuando subimos al segundo piso me mostró un local dedicado a ropa BDSM. Cuero, vinilo, polleritas, corsets, todo divino. Pero la que atendía era muy antipática, y el único probador estaba ocupado. Me fui muy caliente con unos conjuntitos y las manos vacías.


Así que esta semana, cuando finalmente cobré, volvimos con Gi a la Bond a darme un gustito. O dos. O tres. 


Son dos conjuntos. Uno es un vestidito, negro, simple, con un lazo morado en el pecho. Precioso, naïf oscuro.


El otro es un corset de vinilo con pollerita a tono. Más sexy, hardcore, puta. Gi me ajustaba el corset y tenía miedo de lastimarme. Linda, qué tierna que es. No duele nada, mami.


Hay que decirlo, me queda precioso. Me encanto en este outfit.


De modo que me agencié dos en dos, dos en uno, uno para dos, o dos para uno. 


Tengo conjunto nuevo que sé que va a complacer a mi entrenador. Y tengo disfraz para esta noche.


Porque, claro, el conjunto de vinilo no da muy sumisa. De sumisa no podría disfrazarme, salvo que me desnudara frente a toda la fiesta con una cadena de bicicleta al cuello. Incluso así, no podría. Primero porque es trampa: un disfraz es alguien que uno no es. No puedo disfrazarme de algo que soy. Y soy sumisa. En segundo lugar, porque sumisa soy sólo de León. No quiero que nadie más me vea así. Tiene la exclusividad de sus órdenes.




Así que, esta noche me disfrazo de dominatrix.

miércoles, junio 22, 2011

El látigo y el grito

El sábado pasado tenía cita con mi entrenador. Limpita, perfumada, rodete prolijo, lencería de encaje morado y botas haciendo juego. Divina, en otras palabras.


He notado que las exigencias que León me impone sirven en muchos aspectos. En otra época de mi vida me he dejado estar (las uñas, el pelo, los pelos, la piel). No me crió una coqueta, sino una gordita. Así que tuve que aprender sola a maquillarme y plancharme el pelo. Hoy por hoy, no puedo dejarme estar. León me mataría. Así que me cuido más.


Hablamos, como siempre, antes de empezar. Me pidió detalles sobre mi relación con Gonzalo. Está convencido de que un pibe de mi edad nunca podrá darme lo que busco, necesito, merezco or whatever. Probablemente tenga razón, como siempre. Pero bueno. Es lo que hay.


También me preguntó por qué digo que lo que hacemos no es coger. Intenté explicarlo. La sumisión en la que me sumerjo mientras dura nuestro juego no tiene tintes eróticos en mi cabeza, sino más profundos, más... otra cosa. Pero es coger, me dice. Es sublimar a través de la sexualidad. 


No me excita, le dije. Me pasan otras cosas. Un montón. Pero no me excito. No mucho, al menos.


Eso hoy va a cambiar.




Andá a la habitación y volvé sólo con la tanga. Y con la cadena de la bicicleta al cuello.


Obedecí.


Sabía que esta semana teníamos algo nuevo. No sabía qué.


Me ajustó la cadena y se retiró.


Esperé a mi entrenador León en posición de descanso, desnuda, vulnerable, helada. Apareció con un regalito. Una especie de antifaz dividido en dos, muy cómodo y efectivo. Todo quedó negro hasta el final. Él sabía que taparme los ojos me gusta. Por eso no lo había hecho antes.


León comenzó a hablar. Daba vueltas a mi al rededor, como un satélite poderoso e invisible. Me dijo que pensara todos los motivos por los cuales debía castigarme. Lo pensé. Era muchos. 


Por haber cancelado la vez anterior.
Por atrasar este encuentro, y haber llegado tarde.
Por haberme acostado con otros dos tipos.


Él me recordó.
Por ser una smart ass.
Por haberlo llamado "Bart" en el blog.


Cada motivo resultaba en un golpe de vara. Ya no duelen tanto.


Está bien que pienses que acostarte con otros tipos está mal. Pero te doy mi autorización para que lo hagas.


Poné las manos contra la pared. Sacando culo. Ya sabés cómo es.


Obedecí. Manos a la misma altura, columna bien arqueada, culo regalado y preponderante. 


Escuché a mi entrenador alejarse. Esperé.


Volvió. Algo hacía ruido, de arrastre, como tiras de cuero deslizándose sobre el piso.


¿Tiras de cuero?


Hoy quiero agradecerte,
porque sos la primera persona a la que le puedo pegar con un látigo.


El látigo chasqueó en el aire.


Y pegó.


Y dolió. 
Pero dolió lindo.


El látigo distribuye el golpe. Menos focalizado, más...


...placentero.


Si te parece, en vez de darte veinte golpes con la vara, te doy diez con el látigo.


¿Te parece justo?


No.


El látigo me gusta. Me duele menos.


No es justo.


Muy bien, entonces.


Cuarenta golpes con el látigo.


Los contás. 


Y los agradecés.


Ya no tengo que explicarte estas cosas.


Y empezó. Y golpeó. Y me gustó, cada golpe. Fueron mucho más rápidos. 


Duele. No. Ay. Duele...


Me decís que no, pero es que sí. Sabés lo que tenés que decir si querés que pare.


Siguió golpeando.


Dejé de sentir mis manos apretando la pared. Dejé de sentir la tanga metiéndoseme entre los labios. Todo lo que sentía eran sus golpes, el culo, y el aire secándome la boca.


Cuesta respirar bien cuando hay que contar tantos golpes.


Bien.


Posición de descanso. Obedecí.


Volvieron los broches. En todas las tetas. No sólo en los pezones. Imaginé cómo debía verme. Rodete tenso, en tanga morada, con broches en todas las tetas y un antifaz en los ojos. Nice. Esta imagen debe complacer a mi entrenador.


Cabeza para atrás. La garganta estirada, ofrendada. El pecho descubierto.


Empezó a latigarme las tetas. Duele lindo también. Cuando es más cerca del pecho. Cuando el látigo se acerca a los broches, duele horriblemente. Muchísimo. Grito. Eso no lo para. Gimo, chillo, pero no para. Sakura, por Dios. Sakura.


Sacó los broches del pecho izquierdo. Se paró frente a mí. Podía sentir su calor irradiando. Me pellizcó el pezón libre. Y tiró. Dolía, qué lindo que dolía... Tirate vos, para atrás. Manejá el dolor. Obedecí. Dolía maravillosamente. Pero se soltó. Cuando volvió a agarrarlo, el momento había pasado. No excitaba, sólo dolía. Sakura, por favor.


Bien.


Segunda posición.


De rodillas, brazos detrás de la nuca, piernas separadas, boca abierta.


Me quiere coger por la boca. Me va a enseñar cómo.


Es una hermosa pija, pero cuesta. No es sólo la boca. Es la garganta.


Lo intenté. Muchas veces. No podía. Es demasiada pija. Me atraganto, no puedo respirar. El tiempo pasa. Otra vez. Abro la boca, la trago, me da arcadas, me detengo. Otra vez. Abrí la boca. Abrí la garganta. Me duelen las rodillas. Mucho. Me duelen los brazos, pegados a la nuca. Otra vez.


Hablé mucho, dijo. Eso no puede seguir.


Y entonces me tentó. Me puso la pija en los labios. Un poquito. Eso siempre dan ganas. De besarla, lamerla, adorarla como a un tótem con la lengua. Abrí mucho la boca. Esto no puede ser. Tengo que poder satisfacerlo. Me metí toda la pija. Hasta la garganta. La tragaba. Podía sentirlo. Me estaba cogiendo por la boca.


Pero no por mucho tiempo.


Bien, igual. Ya vas a aprender mejor, puta.


Tercera posición.


Me tengo que abrir el culo con los brazos. Cuánto que duelen. Están resentidos desde la posición anterior, y ahora, esto. No lo aguanto.


Abrite el culo.


Abrite el culo te digo.


No puedo...


Sí podés.


No podía.


Mi entrenador estuvo benévolo. Me dejó bajar los brazos. Es muy bueno conmigo.


Me dio un vibrador. Pequeño, como una pila gorda. Vibraba divinamente. Estimulate vos, ordenó. Obedecí. Mientras me vibraban los labios, volvió la vara. No pude disfrutarlo. Soy una mala sumisa. Sakura.


La vara se fue.


Y entonces, otra vez, empezó a hacerme el culo.


Un dedo.


Dos dedos.


Qué placer...


Tres dedos.


Empecé a sentir un orgasmo avalancharse. Se acercaba, rugiendo, desde sus dedos en mi culo.


No podés acabar sin mi permiso, informó León desde la oscuridad.


Estoy cerca.


No te autorizo. No acabes. Aguantalo.


Lo tuve que aguantar. Nunca había resistido un orgasmo. Es como contraer y relajar, al mismo tiempo, todos los músculos de la concha. Es como aguantar el parto de un demonio.


Y entonces me metió un dedo en la concha. 


Era demasiado.


Rogué por su autorización. Por favor, entrenador León, estoy por acabar...


Está bien. Te lo permito.


Y todo fue un torrente. Una avalancha. Una tormenta de segundos en el túnel de mis piernas. Un orgasmo indescriptible, inmenso, un grito que desgarró la noche.






Viste, puta.


Así es como se acaba.

domingo, junio 19, 2011

Tres pijas

León tiene razón. Soy muy puta. Soy tan puta que ayer chupé tres pijas. Así es. En un mismo día, tres pijas diferentes. Divinas, todas. Duras, al palo, llenas de sangre caliente, rocosas, indestructibles. La de Gonzalo fue la primera. Me agarraba las tetas mientras yo cuidaba las papas en la sartén. Ingenuo, el hombre cachondo. Me mordía el cuello, fuerte, vampiramente. Me apoyaba con una erección incareteable, y yo con tanto aceite hirviendo cerca. Me di vuelta y me comió el cuello.  Se negaba, el tierno. Decía que no quería irse con dolor de huevos. Pobre. Como si fuera a importarme. Lo aplasté contra la pared y me arrodillé. Un poco de pija antes de comer nunca viene mal.


La segunda fue la de León. No voy a dar detalles porque merece post propio. Sólo adelantaré que me está entrenando para chuparla mucho, pero mucho mejor. Por ahora, imaginen.


La tercera fue de rebote. Un amigo cayó a las 5.30AM. Quería probarme las tetas, el manija. Uno de los que se me puso de novio cuando empezábamos a pegar onda. Y ahora quería teta. Y vino y probó teta, y tocó concha y la encontró caliente y mojada, y se puso contento y sorprendido. Y sigue de novio. Estaba muy al palo. Tan al palo que ni él se lo podía creer. Conoce este blog, el manija. Me conoce de antes y le confesé que soy Porteñita, porque él también escribe porno. Debe haberse formado una imagen de mí como gran puta talentosa. Me dio ese feeling. Le chupé la pija como León me enseñó. Tenía razón. Los vuelve locos. 


Mientras me ponía la tercera dosis poronga del día en la boca, reflexioné. 


¿No será mucho?


Nah.

sábado, junio 18, 2011

Casi lista

Me sedujo un director. Dijo que iba a venir a cenar y no vino. Me sedujo y me plantó. Ufa.


Me visitó Gonzalo, ayer y hoy. No cogimos ninguno de los dos días. Cachondeo al extremo, pete en la cocina, colmillos en el cuello, pero nada más. En un rato vuelve.


Pero yo me voy.


Hoy el León me pega.


Y me va a pegar un montón.

miércoles, junio 15, 2011

El león y la porteñita

Me pregunto si mis queridos y cachondos lectores esperan raccontos de mí. Dado que pasó un tiempito desde la última entrada, imaginarán que sucedieron cosas. La duda que tengo es si detallarles lo acontecido en estos días, como que me arreglé con Gonzalo, o que le cancelé el sábado pasado la sesión de juego a mi entrenador. ¿Los decepciono? La vida es así.


Pero hoy quiero cambiar algo. No me gusta "Bart". Le puse ese sobrenombre para que me pegue más fuerte, porque como él dijo, soy una smart-ass y me gusta provocarlo. Un poquito. Mucho no porque sino cobro demasiado. Pero un poquito sí. Pero me aburrí. No quiero que un caballero tan interesante de los tantos que sobrevuelan por mi vida tenga un sobrenombre tan pedorro en mi exquisito blog.


Así que lo voy a renombrar. It's my blog and I change it if I want to. A partir de ahora, a mi entrenador le voy a llamar León. Sé que nunca lo describí físicamente, y nunca lo voy a hacer. Pero quizás este sobrenombre les dé una imagen visual más precisa. Siempre va a ser mejor que me imaginen en tanga y tercera posición con un león azotándome que con un Simpson. Es más mejor. Más eróstico. 


El día de mi enojo, me hice las uñas. Me quité las cutículas por primera vez. Sangraba. No me molestaba. Incluso lo disfrutaba. Creo que es parte de mi masoquismo. Pequeños dolores autoinfligidos, sin llegar a ser secretaria, pero algo hay. Se lo conté a León. Me reprobó. Y se quedó preocupado. Así que ayer me invitó a su casa a charlar.


Soy transparente a sus ojos, dice. Sabe qué pasa por mi cabeza mientras me humilla con el collar puesto, mientras me castiga y me azota y me libera. Quiero ser castigada por no ser perfecta. Nuestros juegos por sus órdenes y mis dolores son, para mí, un viaje de búsqueda de mí misma, y de aceptación, y de amor. Amor por mí misma. 




"Nunca vas a estar con un tipo normal. Más vale que lo vayas asumiendo. Nunca vas a poder ser monogámica. No se puede ser Susanita y Porteñita al mismo tiempo."

viernes, junio 10, 2011

Fuck you

Pero la concha de Dios y la santísima trinidad de mi cajeta y tus pelotas. Esto apesta. Todo romántico y amoroso, con sonrisas transparentes y carita de cachorro, forro, pendejo, la puta que te parió infeliz, mirá cuánta mierda puedo escupir mientras me fumo un fini y me tomo un vino y me preparo para salir a romper la noche sin vos. Qué hermoso es putear así, en palabras altas y a voz callada, concentrando todo mi odio en los dedos que taladran, no golpean, las teclas con la furia de un demonio mujer que vive en mí y que despertaste. Son las etapas: la incertidumbre, la certeza, las sonrisas, el sexo, los mimos, las palabras, la distancia, las dudas, la paranoia, y la confirmación de que sos un reverendo hijo de puta que no piensa en los demás, o sea en mí, ni en las otras dos que te cogés y me refregás en la cara, pidiendo una mano, cararrota, mamerto inalterable con más levante del que puede manejar. It's like, basic, right? Tarado. Qué profundo mi desarraigo, qué frágil mi enamoramiento. A veces pienso que soy demasiado perceptiva, leyendo el lenguaje corporal, analizando sin parar con mi perfecto y desastroso cerebro las actitudes de un crío de 12 años gigante al cual ENCIMA se me ocurre prestarle atención, I mean, what's fucking wrong with me?? Es esa puta debilidad que tengo por los chicos buenos, ese fetiche por los gorditos en la frontera de lo incogible, qué desastre, meu deux.


Menos mal que mañana me fajan. 


Qué bien que me vendría igual, que me fajen ahora. Bien fuerte.


Bárbaro me vendría.

miércoles, junio 08, 2011

Viking love

Rompí la racha. Después de tres meses volví a coger. Esta vez sí. Con pija, por la concha, bien tradicional. Fue fantástico.

El sábado a la noche me visitó un vikingo. Mi roomate no estaba, así que invité a Gonzalo. Me dijo que no, que habíamos dicho mañana. ¿Con que no, eh? Dame cinco segundos. Abro el MSN y le regalo a otro todo el sexo que te perdés. Puto. Snif.

El vikingo pedaleó desde Villa Crespo hasta San Telmo con un vino en la mochila. Charla, porro, copas, besos, sexo. Resultó que hacía mucho más tiempo que él no estaba con una mujer que yo con un hombre. Y se notaba. Cómo me cogió. Cómo me lo cogí. Nos destrozamos el cuerpo. No podíamos parar. 

Es una bendición este rubio. Mi amiga Gi dice que me cogí a Thor. Tiene algo de razón. Mide 1,92m, es rubio de ojos verdes y pelo largo. Una onda tiene. Bastante.


Y una pija tan divina... un dios nórdico en sí misma. Con pendejos color cobre. Impresionante. Estoy teniendo mucha suerte con las porongas últimamente. Afrodita me extrañó y me manda regalos en forma de hombre, dándome la bienvenida una vez más.

Si no fuera por los cálculos que tenía que hacer con los forros que íbamos gastando, diría que no tengo idea de cuántos polvos nos echamos. Pero la tengo. Fueron ocho. Tres a la noche y cinco el domingo. Porque se quedó el domingo. Mi roomate volvió, tomamos mate los tres, se volvió a ir y me volví a llevar a la cama al dios del trueno. 

Sonó el celular. No atendí. Sabía que era Gonzalo. Había dicho que iba a venir. 

Sos insasiable, dijo. Cogés muy bien, dijo también. Me reí. Como si no lo supiera. 

Fue una maratón. Sin repetir y sin soplar, posiciones del kamasutra, ya. No te digo las aeróbicas, pero las clásicas, las pasamos todas. Menos el 69. Que a mí mucho no me divierte. Pero el resto, todas. Me gustó mucho montarlo. Tiene la angulación peneana exacta. Frota el punto G sin parar. Me vuelvo loca ahí arriba.

Vuelve a sonar el teléfono. Atiendo. Es Gonzalo. Estoy con un amigo, tomando mate. Venite más tarde. Sigo cogiendo.

Además, no sólo se le paraba. Se le paraba rápido y durísima, casi sin esfuerzo. Es el paraíso. Tanta pija a media asta he tenido que remontar... Y me vuelvo a encontrar con un semental. Qué buena noticia.

Le bajé a abrir. Sería lindo repetirlo, pero no te voy a llamar, corazón. Llamame vos, le dije. Vemos, respondió. Veremos pues.

Subo de nuevo. Estoy sola, recién cogida, de muy buen humor. Me armo un porro y sigo tomando mate. Chequeo la compu, boludeo, escribo un rato.

Suena el celular. Es Gonzalo. Está abajo.

Y yo ni me bañé.