martes, septiembre 27, 2011

Otras citas


 Y si no escribo durante mucho tiempo me pregunto, se rompe la narrativa? ¿Me importa?


Es difícil mantener un blog sobre sexo cuando venís cogiendo poco. 


Gonzalo tiene sabor a poco. No hay fidelidad pactada, más bien al contrario. Cuando empezamos a salir él tenía novia y amante. Siempre me pareció ridículo pretender su fidelidad.


Sin contar la mía, no? Gonza no me inspira fidelidad. No me satisface por completo. Y no hablo de sexo. No solamente, al menos.


Tengo muchas necesidades emocionales que él solo no satisface. Salir. Charlar. Cenar. Estimularme intelectualmente. Producirme curiosidad. 


Enseñarme.


Gonza será un amor, pero es un amor joven, primerizo. Light. Un amor que acompaña, cotidiano, abrazable. Es un lindo amor. Pero no es suficiente.


De modo que sigo saliendo con señores, a otros lados, a no coger. Porque, como escribí, vengo cogiendo poco.


La estrategia "no avanzar", les diré, es revolucionaria. No sólo fue la que permitió mi relación con Gonzalo, el punta pie inicial, la piedra fundacional que construyó mi yo no-puta. Es también el paraíso del poder femenino, la amable manipulación masculina. Una sonrisa bien puesta y es lo mismo que agarrarlos de la pija y llevarlos a donde quieras.


He dejado de avanzar a los hombres para dedicarme a la good old coquetería.


Coqueta ando, entonces, rodeada de machos. He tenido varias citas, por así decirlo, que no acercaron las pieles pero me hicieron reir. Me gustan mucho los hombres. Me gusta verlos, escucharlos, compartir momentos, no sólo tocarlos. Me gustan.


Me gusta rodearme de hombres.


De modo que salgo a tomar una birra, a compartir un porro o a pasear del brazo de otros señores. Hay uno en particular que me gusta mucho. 


Es un señor grande, de la edad de León. Solterón, dos ambientes, terraza, dos gatitos incluidos. Me saca a pasear, me invita a cenar, charlamos de cine, me convida marihuana.


El jueves tenemos combo cena y pelis.


Me preguntó qué le diré a Gonzalo.

miércoles, agosto 24, 2011

Final del juego

Sentada en un café notable porteño, recién bañada, perfumada y sola, me escribo un mail a mi personalidad más puta para subirlo al Túnel cuando vuelva a la prisión y oficina que es el depto donde vivo.

El fin de semana que pasó volví a ver a León a solas después de tiempo indeterminado. 


Nuestras sesiones se habían suspendido ante mi ausencia y cancelación, y nos debíamos una charla. Llegué sin saber del todo qué iba a decir, qué quería, qué pasaba.

Lo cierto es que la rebeldía se despertó adentro mío. Mis entregadas ganas de complacer a León en todo lo que pudiese, abandonando mi cuerpo y mi placer a su dominio, venían extinguiéndose sin retorno. No se puede ser sumisa y rebelde a la vez.

"No con vos, al menos" fue lo que León retuvo de todas mis palabras que brotaban, fumadas, desde mi boca indecisa. Inteligente, el León, supo detectar la frase más verdadera de todas. No sé si es que no soy sumisa, si es la sumisión lo que rechazo, o es a él a quien no quiero someterme. Creo que la segunda.

Será eso, u otra cosa. Nunca llegamos a coger con León. Me confesó que la última vez que le cancelé había estado fantaseando con cogerme todo el día. Pobre Leoncito.

-Me lo hubieras dicho... Eso me hubiera cambiado de idea.
-No quería influenciarte.

So this is it. De todos los senderos que se bifurcan en su jardín, Destino terminó tomando el que nos separa por mutuo acuerdo. Porque mi ex-Amo también venía listo para terminar nuestra relación, por sus propios motivos. León fue claro desde el principio: nuestro vínculo nunca tomaría dimensiones amorosas mayores. Nunca seríamos novios. Nunca lo enamoraría. Y entendió que ese límite es incompatible con el vínculo Amo-sumisa, en tanto no permite que se profundice.

Quedaba claro el final, cuando le hice notar algo de sí mismo. León gruñe, en efecto, como un león. Cuando algo le da placer, ya fuera verme con las tetas llenas de broches o un lindo masaje en los hombros, gruñe cual felino complacido. Se sonrojó ante el dato. Cuán tierno. Y se empezó a calentar.

Cuando peló la pija a media asta, estaba seguro que no podría resistir la tentación de petearlo. Me cree más puta que orgullosa. Y hay algo que no comprende.

Ser sumiso es entregarse a complacer al otro, mientras el placer propio queda relegado. León nunca se ocupó de mi placer, y está bien, no era su lugar.

Mientras se pajeaba mirándome a los ojos, yo sonreía, inmóvil. Si en lugar de esperar que yo me acerque, viniera a tocarme, a sentirme, a buscar lo que desea, otro sería el cantar. Si viniera y él, por una vez, buscara mi placer en lugar del suyo, sería un polvo inolvidable.

Pero León nunca se levantó. En vano siguió la paja y el contacto visual. Sonreí, como sumisa libre que ya no debe obedecer ninguna orden de un Amo que jamás se la cogió.

Y me fui a mi casa, mi prisión oficina, sin Amo y sin orgasmo.


sábado, agosto 20, 2011

Dos peces de hielo en un whisky on the rocks

En pantuflas y joggin, con un sueter que me llevó seis días secar en esta húmeda ciudad, con un pucho prendido y las patas sobre una silla, me dispongo a actualizar el estado de este blog descuidado.
Me pregunto si debiera explicar paso a paso lo sucedido estas semanas. Si, quizás, por sostener la narrativa, sea necesario un esfuerzo de mi parte.
Gonzalo y León. León y Gonzalo. Resulta no ser posible la coexistencia de estos vínculos. O eso aparenta mi historia, torcida, rebelde y sin escribir.
Cojo menos, es verdad. También tengo menos deseo. Habrá sido la semana sangrante que pasó, que me erotiza como para cinco pajas por día, pero ningún polvo. Será que el puto amor insondable me quita las ganas de que me pegue un hombre al que, en realidad, no le pertenezco.
Ser sumisa es pertenecer.
Y yo no me resigno a pertenecerle a nadie.

miércoles, julio 27, 2011

La otra mirada

Una noche de aprendizaje.


De aprendizaje mutuo.

La sensación de haber llegado a algún lado se siente bien. It feels good (und fick dich du Hasser; I write however the fuck I want).

La puta contó bastante bien la vorágine de cosas que sucedieron el sábado a la noche. Las cosas que recordamos son las que nos afectaron. Lo que se olvida rápido es lo superficial.

No sabía qué iba a suceder esa noche, aún después de la extensa charla que habíamos tenido con Puteñita un par de días antes para explicarnos cosas. Ella comenzó con el pie izquierdo: llegó tarde.

Detesto a la gente que llega tarde.

Una más para la lista”, pensé. La lista de castigos que viene acumulando. “Cómo te voy a azotar, delante de todo el mundo, para que aprendas”. El pensamiento me arrancó una sonrisa.

Pero cuando llegamos a la Casona, las cosas comenzaron a cambiar.

No hay duda de que la puta se puso a la altura de las circunstancias.

No hay duda de que es sumisa.

Ah, quizás le guste dominar, también. Por supuesto. Pero es una putita sumisa cuando está conmigo, como debe ser. No hace nada sin pedir permiso, y siempre quiere complacer. Si eso no define a una sumisa… no sé qué la define.

Verla ser castigada en público, con un círculo de gente observando, fue una experiencia muy Fidelio: juegos de adultos, como bien escribió ella.

El aire del evento es difícil de describir. Sí, había gente vestida bien, como Puteñita y yo. Había gente vestida de forma tópica, con cuero, tachas, máscaras. Y también había gente con ropa casi de calle (esto no me gustó, a fuer de sincero; pero cada uno es libre de presentarse como quiera, obviamente).

Pero ya metidos en el tema, decidí que si ella tenía tantas ganas (y se le escapaban por los ojos), iba a dejar que otro Amo le aplicara el correctivo correspondiente por la llegada tarde. Cuando me acerqué a preguntarle a éste si quería azotar a la puta, le dije que ella tiene un umbral de dolor alto. Me miró dudando. Yo sonreí y no agregué nada. Eventualmente lo descubrió por si mísmo.

Orgullo, satisfacción y la mentada carnosa me invadieron al ver a mi puta ser golpeada por otro. Es raro. O no. Sentí que el aplauso que le brindaron era merecido, y que ese merecimiento también tenía que ver conmigo.

Nos quedamos charlando con la pareja amiga de ella. Mi vista se desviaba de vez en cuando hacia las tetas de la otra chica, apenas contenidas por el corsé. Algunas imágenes surgían en mi cabeza, imágenes que eventualmente no pudieron ser concretadas por la pronta desaparición de esa pareja.

Sin embargo, faltaba lo mejor.

Varias veces Puteñita había mensajeado a maite, pero no la encontrábamos. Hasta que en un momento, comprando un vino, vi a una rubia de ojos brillantes (o quizá no taaan rubia, pero sus ojos brillaban, sin dudas). Antes de que ella hablara con la puta, me miró un largo rato a los ojos, con una semisonrisa. No sé si me reconoció instintivamente, o gracias a alguna foto que le hayan deslizado. Pero me reconoció. La noche era joven todavía, así que la puta y yo nos fuimos por nuestro lado, aunque maite nos afanó el vino.

Después vino la suspensión, que no fue del todo exitosa pero que igual, como experiencia, fue interesante. Y la charla con Patrón, un personaje extraído de algún libro, y fascinante. Patrón maneja los códigos del BDSM… y después se caga en ellos. No es un mala dirección a la que apuntar, para mí.

Un párrafo aparte, que verán viene a cuento aunque parezca que no:

Somos conscientes con Puteñita que parte de nuestra relación pasa en público, en este blog. Amigos de ella lo leen. También amigos (muy selectos) míos. Pero lo cierto es que a pesar de que yo tenga existencia real, muchos lectores podrían pensar que soy un invento de la dueña de este espacio, una especie de alter-ego literario, una práctica de escritura con tonos diferentes de los suyos habituales.

Eso no me molesta, para nada. Si yo no existiera, ella podría perfectamente haberme inventado. O quizá no. Games within games.

De vuelta a la Casona: casi como si esto fuera sí una ficción completa, cuando la noche ya se nos terminaba, después de un par de twists y plot points, como culminación de la velada (y clímax de la historia, en su acepción más completa) apareció the single most erotic moment of my life.

Qué puta que es la puta. Hacía que quería irse, mientras maite la agarraba. Cuando me di cuenta de que en realidad no queríamos terminar la noche simplemente yéndonos, le dije que nos quedáramos un rato más.

Qué puta que es esta puta: no le importó nada de lo que hubiera alrededor: ni la gente, ni el piso de baldosas. Sólo le importó su deseo, y entregarse a él. Bien. Estamos avanzando a pasos agigantados.

Y acá no hubo friendly one que valga: bien dura se me puso, viendo a mi puta cogerse a otra puta. Justo lo que me recomendó el médico, diría. Dos personas entregadas a su libido, sin filtro. ¿Qué puede haber más excitante que eso?

Cuando pasó la ola (I see what you did there!), y nos estábamos yendo ya, maite pidió ver de nuevo a la puta. Se la quiere coger con más tiempo.

Puede ser. Pero sabé algo, maite: no te la vas a coger sin mi autorización. No mientras yo sea su León. Porque en ese ámbito, ella me entregó el poder a mí. Y planeo ejercerlo.

Y como si la noche no hubiera sido suficientemente intensa y llena de descubrimientos, la caminata, café y charla posteriores le pusieron el moño perfecto a una noche perfecta.

Llegamos a algún lugar.


I love you too.

lunes, julio 25, 2011

Una noche en la Casona

El sábado tenía una cita muy importante.


A pesar de las dudas que venía atravesando, y la distancia que había tomado con León, sabía que no nos podíamos perder la fiesta de Mazmorra del sábado. Una de las más importantes del año. Nos inscribimos y esperamos. 


Tenía un vestido que estrenar.


La Casona del Sado es un lugar maravilloso. Al entrar, me sentía como una niña en una juguetería, paseando entre las habitaciones aprovisionadas con todas las herramientas imaginables para una linda sesión de golpes y grititos. Fustas, látigos, sogas de todos los grosores, aparatos complejos para suspensiones o aprisionamientos que recordaban a la Inquisición. Quien fuera bruja bajo esas cadenas...


León estaba muy elegante, y yo muy coqueta. Nada extravagante. Él portaba un traje gris oscuro con líneas verticales, y yo, mi vestidito de la Bond, ese negro de lazo morado que me enamoró. Medias de red y zapatitos sin taco (nota mental: preciso zapatos de taco negro con urgencia). Fui a la peluquería especialmente para la ocasión. Impecable.


Hay que decirlo, nada mejor que una juntada de freaks adultos y responsables para un sábado a la noche. Dirán que los practicantes del BDSM no son freaks. En mi opinión, lo somos. Somos raros, outsiders, anónimos que disfrutan su rareza con libertad. Siempre he sido una freak. Feels good that way.


La noche arrancó en sorpresa. Apenas llegados, entre la multitud, crucé la mirada con un rubio de pelo largo que lanzó una carcajada al verme. Nadie más que uno de los mejores amigos del legendario. Hacía años que no nos veíamos. Buen lugar para reencontrarse. Estaba acompañado de su ex y de su maravilloso escote de tetas redondas, actual novia de otro amigo (no, yo tampoco los comprendo, but again, quién podría comprender mis propias relaciones?). Hice las correspondientes presentaciones y compartimos un vino los cuatro, brindando por las palabras de seguridad.


La fiesta comenzó a llenarse. Había tres habitaciones equipadas para jugar libremente, pero nadie daba el primer paso. Finalmente, un hombre grande y de bigote gris, quien adivino es parte de La Casona, se dispuso a dominar una sumisa rubia enfundada en látex. Le ajustó las muñecas y los tobillos a una X de madera y tomó una soga de cáñamo para castigarla. La sumisa no agradecía los golpes, y en cuanto el caballero subía un poco la fuerza, pedía "Piedad, Amo" (una palabra cliché, si se me permite la crítica). Secretamente le comenté a León "No se la banca mucho..." y me chistó, diciendo que no faltara el respeto. No era mi intención. Pero me sorprendía ver lo que consideraba una baja tolerancia al dolor por parte de quien, entendía, era una sumisa experimentada.


Las esclavas circularon. El amo repetía el procedimiento, atándolas a la cruz, cambiando de arma y continuando el spanking, y yo con mi misma impresión. Las chicas no se la bancan. León me conoce, me lee el pensamiento. Cuando la tercera sumisa se retiró, me preguntó "¿Querés que te peguen un poco?". Claro que sí. De modo que se acercó al Amo y le ofreció su sumisa. O sea, yo.


Mientras me ajustaba las muñecas a la cruz de madera, el Amo consultó mi palabra de seguridad. "Sakura" le dije. No pienso cambiarla, por más que haya veinte personas mirando mis azotes.


El Amo comenzó. Desconozco las armas que utilizó para mi spanking. Estaba contenta, hacía mucho que no me pegaban. Soporté mucho (mucho más que las anteriores). Orgullosa de mí. León estaba a mi lado, y me preguntaba si quería seguir. Sé usar mi palabra. La uso cuando la necesito. Si no digo "Sakura", es porque estoy bien. Aunque un par de veces la usé.


De repente escuché una voz de mujer detrás. Una Ama le preguntaba sugerencias a mi domador. Levantarme la pollera, por ejemplo. Debo remarcar el alto nivel de respeto entre todos los participantes de la fiesta. Nada se hace sin consulta previa. La Ama se lo sugería al Amo, quien lo consultaba con León, quien me preguntaba a mí. Por supuesto, acepté. 


Los golpes sobre el vestido no tienen gracia.


Lindos golpes. Fuertes. Pusieron a prueba mi tolerancia, y dejé en claro, públicamente, lo alta que es.


Sin saberlo, logré llamar la atención de las altas esferas de La Casona. Ya me enteraría.


Terminada la sesión de spanking, el público aplaudió. No había aplaudido a las sumisas anteriores. Admito que me sentía orgullosa. Hice una reverencia al Amo y al público, y volví a mezclarme en la multitud, junto a León.


Creo que después de eso, él también estaba orgulloso de su sumisa. Siento que León reconoció que es afortunado en tenerme bajo su mando, y lo alegra, enorgullece y satisface. Me hace feliz que se sienta orgulloso de mí.


Cuánto me cuida, mi entrenador. Mucho. Lo fui entendiendo a lo largo de la noche. Realmente me cuida mucho. Y me quiere. Y lo quiero.


Conversé un rato con el Ama que había sugerido levantarme la falda a mis espaldas. Una argentina residente en España, mezcla de acentos sensuales muy amigable. Pidió un sumiso o sumisa para ella, pero nadie se ofreció. Me dio pena no poder complacerla, acababa de terminar la sesión de spanking y aún no estaba lista para otra. Le comuniqué que estaría honrada de recibir sus golpes, más tarde, y ella aceptó encantada. Una pena que luego no volviera a verla. Ama Nadia, creo que se llamaba. Quizás en otra oportunidad.


Un señor mayor, cuyo nombre no retuve, compartió con nosotros una charla. Muy simpático y amable, nos contó historias acerca de cuando su hijo comprendió que a su padre le gusta atar chicas. Especialista en bondage, parecía. Le comenté a León que me honraría que me atase más tarde, un hombre tan experimentado como él. Una vez más mi entrenador ofreció su sumisa, y el caballero aceptó encantado. Más tarde me suspendería en el aire, ante un público mucho más numeroso que el anterior, rodeada de nudos debajo de una estructura de madera que no pude ni quise comprender. Fue una pena que todo el peso de mi cuerpo se sostuviera sólo en una atadura a la altura de la boca de mi estómago. Pude soportarlo mucho menos de lo que hubiera querido. Quizás si hubiera tenido otra atadura sobre el pecho que distribuyera mejor el peso... pero quién soy yo para criticar su trabajo?


La noche avanzaba. Dejamos el vino y emigramos al agua, parecía lo más sano. León no me pegó en toda la noche. Prefirió prestarme a otros, dejarme explorar, mirarme recibir. 


Conocí a dos foreros de Mazmorra con quienes intercambié palabras. Uno me reconoció (inexplicable!) y alabó mis escritos en el blog. También me recordó que aún no le acepté la solicitud de amistad en Mazmorra. Me excusé sin excusa. ¿Qué le podía decir? 


La otra es maite. Con minúscula, sí, porque es sumisa, y bien puta, llegué a descubrir. maite lee El túnel de mis Piernas desde que me sumé a Mazmorra, y nos hemos chateado desde entonces, insistente en conocerme. Me quiere coger, maite. Todavía hoy me quiere coger. Me dedicó una entrada en su blog que pueden leer acá.


El amigo del legendario y su cita desaparecieron en algún momento de la noche sin despedirse. Poco serio lo suyo. Les habían pedido silencio y no lo supieron respetar. Me pregunto cuán seriamente el rubio sabe dominar...


Estábamos en el patio, haciendo nada, cuando un caballero con una rosa roja en el cuello se nos acercó. Me apuñaló la mirada en los ojos, y sin tocarme, comenzó a dominarme. León estaba a mi lado, cuidándome, observando. El Patrón (así le llaman) pidió su permiso, y por supuesto, le fue otorgado. Todo su poder se transmitía a través de los ojos. No me permitía esquivar la mirada. Es un Amo muy severo, con un estilo diferente al de León. Revuelvo mi memoria buscando sus palabras, pero se me escapan, se me escaparon a penas nos separamos, de hecho. Sólo recuerdo preguntas que escarbaban mi interior, sacando a superficie dudas y lágrimas que dejé escapar sin pestañear. Mi esencia. Eso es lo fundamental. Debo encontrar mi esencia, y nadie salvo yo misma puede encontrarla por mí. Eso fue lo que me enseñó Patrón, con sólo mirarme a los ojos. De repente y sin aviso, la dominación fue suspendiéndose. "Podés mover las manos", me permitió, y de a poco fui pudiendo aflojar una tensión que me anudó el cuerpo mientras Patrón me dominaba. Incluso ahora, mientras tipeo estas palabras, temo las consecuencias  que podrían tener en caso de que lleguen a sus severos ojos. 


Comprendí que Patrón no es sólo un Amo. Parece ser el Amo de la Casona, el Amo de los Amos, the ultimate dominator. Nos invitó un café y me ordenó ir a pedirlos, aclarando que "son para Patrón". La cara de la chica de la barra al decir su nombre confirmó mis sospechas. "Ahora te los alcanzamos" me dijo. A nadie más le dieron servicio de mozo. Sólo a Patrón, y a nosotros dos, sus invitados.


Se nos acercó el caballero de bigote gris que me había atado a la cruz de madera y me había dejado el culo color frutilla. Me dijo que pocas sumisas lo toleran la primera vez. Un cumplido.


Patrón, mientras me dominaba, me dijo que me había visto mientras colgaba atada. No sé si eso fue lo que llamó su atención, o si el Amo de bigote gris le habrá comunicado su grata sorpresa ante mi spanking. Sea como sea, León y yo compartimos el privilegio de la atención, los consejos y el café del Patrón. Un verdadero honor que caló hondo en mí.


La noche menguaba. Camino a retirar mi campera pude ver a maite sangucheada entre su Amo y su novia. La estaba pasando lindo, la putita. Quería despedirme, pero no quería interrumpir. Noté que su amo la besaba en la boca. Me dio envidia. León jamás me besó.


Al volver del guardarropas, maite charlaba con León en concha y con el corset bajo, dejando las tetas al aire. Le dije que nos estábamos yendo, y me hizo pucherito. "Andá con tu León..." dijo tristecita, "Viste que parece un León?". No quería que nos fuéramos, menos aún con las caricias que le estaba dando en el culo. No aguantó más y me rompió la boca. Podía sentir a mi entrenador sonreir y endurecerse ante tal panorama. maite estaba soportando las ganas de cogerme hace mucho. No tenía paciencia para rodeos. Me empujó contra una mesa, abriéndome las piernas y agachándose. León sostuvo mi campera y me permitió relajarme y disfrutar. maite zambulló su lengua entre mis labios, ya húmedos por todos los eventos de la noche, y comenzó a llevarme a un orgasmo que León no permitiría enseguida, mientras escabullía sus dedos en mi bombacha para colarme en el culo. Aguantá, aguantá... no acabes... y acercó su cara a la mía, lo más cerca que han estado jamás. Podía sentir su respiración contra mis labios. Me volvió loca. Por favor. Por favor dejame acabar. Y me dejó. 


Fue un hermoso orgasmo, indisimulado, en público. "Sí que sabés acabar" me dijo maite, satisfecha. Me tiré sobre ella. Estábamos en el hall de entrada, teníamos curiosos al rededor. No importaba. A penas mi lengua alcanzó su concha, me sorprendí. Un chorro (porque eso fue) de fluidos orgásmicos me inundó la boca. No lo esperaba, no tan pronto, no tanto! No era la primera vez que provocaba un squirting, pero eso parecía una cañería rota. Mientras León me metía un dedo en la concha y otro atrás, yo le metí dos más a maite, quien se retorcía y se vaciaba sobre el piso como una bombita de agua pinchada. Llegó su Amo y se agachó a su lado, sosteniéndole la cabeza mientras ella gemía, yo gemía y León me tocaba. "Don't be greedy" me susurró al oído, y comprendí que era suficiente. maite me hizo prometerle volverla a ver, golosa. Su Amo le dijo que tendrían que traer un trapo de piso para limpiar el desorden que armó. Los dejamos en el piso, al lado de un charco que sigue sorprendiéndome, y nos retiramos de La Casona.


Caminamos por la calle Corrientes hasta la casa de León, charlando sobre lo que vivimos, sobre lo que compartimos y sentimos por el otro, tomados del brazo en el frío de la madrugada.

sábado, julio 23, 2011

Golpes, drogas y un viejo amante transmutado (parte I)

Hace siete meses que no tomaba cocaína.
Son las 8.30 de la mañana y aun no he dormido nada. Pasé una noche inolvidable con un amante antiguo que no he podido ni querido olvidar. Los viejos lectores probablemente lo recuerden de posteos del 2009. Mi primer amante hecho y derecho. Portador de una pija con la forma perfecta para que te haga el orto y la paciencia que comprende que al culo se lo abre, de a poco, y si se lo abre bien, termina tragándose lo que le metan. El primer hombre en regalarme un orgasmo anal. El primer amante estable y completo, lleno de perversiones que compartía y comparto, exploradas juntos. Nunca les conté sobre todo lo que hice con Jack (por ejemplo, nunca escribí acerca de nuestras visitas a Anchorena SW). Porque sí, de Jack se trata.


Recién, tratando de bajar la merca, recordé un consejo que me dio Jack hace dos años, luego de la primera vez que tomé milonga y lo llamé desde la calle al borde de un ataque de nervios y paranoia. Venia caminando sin parar haría unas 20 cuadras. Me pasó a buscar en el auto y paramos a unas cuadras de mi casa. Nos quedamos adentro del coche. Siempre aprecié mucho ese gesto suyo, de disponibilidad en caso se emergencia. Me dio un tiempo y un lugar para bajar un cambio, y desahogar la culpa, la cabeza y el mambo. Cuando me dejó en la puerta de mi casa, me dijo por la ventanilla: "Ahora, café con leche y a la cama".


Cuando empecé a escribir este post, estaba calentando la leche. Ahora ya estoy en la cama.


Anoche tenía ganas de hacer algo. Me invitaron a un par de planes pero ninguno me convencía. Chatié con León, ebrio (eran las 21hs y la noche ya perfilaba derrape). Se tomó solo el vino que le rechacé el jueves cuando fui a charlar. Y entonces algo en mi cerebro se iluminó: ya sé qué me gustaría hacer esta noche! Tomar cocaína.


Hacía mucho que decidí dejar, y de hecho dejé, pero últimamente ciertos deseos volvieron a aparecer.


León tiene un poco la culpa. Me dijo, antes de ser mi entrenador, que le calentaría obligarme a tomar merca. Y a mí también me calentó.


Pero anoche no la pasé con León, sino con Jack.


Y jugamos. Ese hermoso juego que hace rato no juego con León, por mambos propios, pero diferente.


Por primera vez, estuve del otro lado de la vara.

martes, julio 19, 2011

Ausencia

Qué desastre.


Estoy hecha un embole de blogger porno. 
No cojo. 
No escribo. 
Un escándalo.


Gonzalo se fue de vacaciones y mi libido desapareció. Mi roomate también estuvo de viaje, con lo que tuve el depto para mí por cinco días. Dije listo, depto solo, pseudo novio en Nueva Zelandia, me voy a cansar de tragar pija.


Pero no.


Ni ganas, che.


Estuve los primeros dos días sin (literalmente) salir del edificio. Al tercero me quedé sin puchos y tuve que ir a comprar, para volver y quedarme encerrada una vez más. Cualquiera podría catalogar este comportamiento de "depresivo", pero a mí me gusta estar en casa. Trabajo desde acá. Y necesitaba la soledad.


Cuestión que ni ganas de chonguear. Consideré comunicarme con el vikingo, o con alguno anterior, pero me la bajan. O no me la suben.


Mi deseo sexual se vio reducido a un par de pajitas por día, una al levantarme y la otra al irme a dormir. Y eso es todo.


¿Entonces, por qué habría de escribir, si no tengo nada erótico para pintarles los ojos?


Porque algo tengo que hacer. Porque se los debo.


Como habrán leído, tampoco tuve ganas de verlo a León. No sé por qué. Tampoco sé si es que mi gusto por el BDSM se agotó, o si es sólo una pausa. Ni si León me aceptaría como sumisa una vez más, después del post anterior...


Recuerdo las palabras de León: "nunca vas a poder ser monogámica"... ¿Tendrá razón? ¿Será que nunca podré volver a ser feliz con un solo hombre en mi cama?


Sin embargo, podríamos decir que estoy siendo monogámica. Y no lo estoy siendo por decisión, por sofocación de deseos externos o por culpa. Estoy siendo monogámica de hecho, aunque ningún derecho me obligue. Cuánto tiempo durará, no lo sé...


Sólo sé que desde que Gonzalo se fue, no tengo ganas de coger.


Qué desastre.