
Cuando yo tenía dos años y medio, y mi hermana cuatro, mis viejos se separaron. Virtualmente, tengo un solo recuerdo de mis viejos juntos. Estábamos mi hermana, mis viejos y yo en el depto donde vivíamos, tomando helado sentados en el piso del balcón. Me acuerdo que hacía calor, mucho calor, y yo estaba sentada en las rodillas de mi viejo, tomando mi helado. Es el único recuerdo que tengo de mis padres juntos. Después recuerdo peleas en eventos aislados (como actos de la escuela y cosas así) en los que debían juntarse sí o sí por causa de fuerza mayor (o sea, nosotras). Pero nada más. El resto de mis recuerdos infantiles son dicotómicos: o con mamá, o con papá.
Mis tíos también son separados. De hecho, mis abuelos también. Mi historia familiar es la de hombre y mujeres demasiado apasionados con el sexo opuesto como para dedicarle toda su vida a una misma persona. O demasiado celosos como para aguantar indiscreciones.
Es por eso que creo que nadie puede culparme si no puedo creer en el amor para toda la vida. Es por eso que todavía tengo miedo por Nacho y yo. Nunca he presenciado un amor eterno, un amor de esos corte "hasta que la muerte nos separe". Mi experiencia (la de mi familia, y la mía personal) es que eso no sucede.
Esto no quita que yo no sea una Susanita más. Creo que, justamente, debido al divorcio de mis viejos y mi crianza bipolar, siempre anhelé desde lo más profundo de mis sueños encontrar al hombre ideal, indicado, the one for me. Porque nunca dudé de querer tener hijos. Pero siempre estuve convencida de que no quería criarlos en divorcio. ¿Y cómo lograrlo? ¿Cómo creer en el amor para toda la vida, si nunca lo vi? ¿Acaso es posible que encuentre a, sino mi príncipe, mi hombre azul?
Ese sueño perseguí durante mucho tiempo. Me enrosqué en relaciones con tipos complicados a quienes yo les "hacía bien". Les daba serenidad, paz, buen sexo, qué sé yo qué querían decir con "me hacés bien". No era el bien de Drexler. Era un bien de "estoy del orto, soy un hemipléjico emocional y tu amor me muestra que no todo es una mierda". Lo cual, por si no lo notaron, tampoco quiere decir "te quiero". Más bien, "sos una buena enfermera".
Finalmente me cansé, y después de escuchar al tercer tipo (¡el tercero!) decírmelo, lo dejé y renuncié. Quizás era cierto eso de que no existe el amor para siempre. Quizás yo no sepa elegirlos, o simplemente sean todos iguales. En cualquier caso, renuncié a mi sueño de Susanita. No estoy hecha para esto. No estoy hecha para el amor, si el amor es enfermería a domicilio.
Así estaba cuando lo conocí a Nacho. Llevaba un tres años de soltería crónica, salpimentada con relaciones hemipléjicas y algunos compañeros de sábanas en soledad. No estaba de novia, ni en pareja, ni me interesaba. El amor llegaría, o no, pero yo no pensaba buscarlo. Y nos enamoramos en el cumpleaños de un amigo en común.
Pero aún tengo miedo. Creo que el sueño de Susanita nunca se realiza, hasta la muerte. Sólo hay un momento en el que sabés que estarán juntos hasta la muerte, y es la muerte misma. En el camino, en la vida, nunca podré estar segura de que estaremos juntos para siempre. Creo que he pasado por demasiadas roturas de corazón como para volver a creer que ese sueño es real. Pero eso no me impide seguir intentándolo. Intentar un camino junto al hombre que amo, y vivir con él todas mis seguridades de amor y mis dudas heredadas.
Aunque creo que si Nacho leyera esto me costaría mucho hacerle entender por qué, a pesar de todo lo dicho, despertarme todas las mañanas al lado suyo es la mayor felicidad de mi vida.


