miércoles, agosto 12, 2015

El verdadero final feliz

En mi infancia tomé la teta de Disney durante muchos años. Sepan que, por mi edad, tuve el lujo de ver el estreno de películas como Aladdín, El Rey León y Pocahontas, que eran la tradicional "película del año" del McDonald's de las animaciones occidentales. A su vez, el efecto retroactivo de los VHS (¡Dios!) me permitieron enfermarme una y otra vez con "La Bella y la Bestia", "La Sirenita", "La Bella Durmiente" y tantas otras fábulas clásicas que Disney tuvo la (económicamente) fabulosa idea de suavizar hasta el extremo y producir. De modo que los cuentos de hadas se me metieron en el cerebro desde pequeña. Los finales felices eran los únicos que existían. El crimen paga, el amor siempre triunfa, y, sobre todo, dura para siempre.

Afortunadamente, era una niña demasiado curiosa como para ofrecer mi cerebro como hoja en blanco para que Mr. Disney & Co. Industries hicieran con él lo que quisieran. Las veía, las memorizaba, sí: pero no les creía. Nunca perdía la conciencia de que era todo un dibujito, un cuento, una historia. Me emocionaba, pero sentía que faltaba algo. ¿Por qué justo terminaban cuando ellos se casaban? ¿Qué pasaba después?

Con los años me puse más crítica, y empecé a darme cuenta que todas esas películas terminan en el principio. En el principio de una relación. Y claro, esa es la parte más fácil. Siempre pensás que vas a estar juntos para siempre, al principio. Siempre creés que es el amor de tu vida, más aún si es el primero y tenés quince años. Después alguno de los dos la corta y llorás como nunca habías llorado en tu vida, porque perdiste a tu amor, a tu verdadero amor.

Es por eso que llegué a una magnífica conclusión: todo culpa de Disney. Desde nuestra más tierna infancia, los cuentos de hadas nos convencen de que, indefectiblemente, en algún momento, vas a encontrar a el amor de tu vida. Que "allá afura" (?) hay alguien esperándote, tejiendo y destejiendo cual Penélope en Ítaca, a que llegues a su isla. Que ambos lo sabrán, lo sentirán infinitamente eterno, y vivirán juntos para siempre. Eso es mentira. Nada, absolutamente nada en el mundo nos asegura la felicidad eterna. Primero, porque somos seres mortales, y loco, enfrentalo, en algún momento te vas a morir. Pero, además, porque los cuentos de hadas son tramposos. Te la cortan en la mejor parte. El heroico caballero mata a un dragón, cruza la fosa en llamas, derrota a la malvada bruja, y, con un suave y tierno beso, despierta a la princesa, a quien está destinada para ser felices por siempre. Pero... ¿y después? ¿Qué pasa después?

Yo les voy a contar lo que pasa después.

En la fiesta de casamiento, se pelean porque ella quiere tulipanes como centro de mesa y cuestan una fortuna. En la noche de bodas, el príncipe se revela precoz y nuestra querida princesa es deflorada sin saber lo que es un orgasmo (y nunca lo sabrá gracias a su marido). Después de parir cinco niños bobos, la princesa comienza un affair con el hermano menor del Príncipe, y él mantiene una relación prohibida y homoerótica con su Capitán de la Guardia del Palacio desde mucho tiempo antes. Cuando finalmente el suegro la palma, al fin, ella es Reina, y eso afloja las tensiones domésticas porque su marido no aguantaba más ser el segundón. Pero entonces el nuevo Rey se hace abiertamente homosexual, la expulsa del Palacio y ella se refugia en las lejanas Indias del Imperio, donde comienza una nueva vida de sexo, opio y canto gregoriano con un comerciante que se hizo millonario por explotar indios en una mina de cobre.


Y, ese, muchachos... ese sí que es un final feliz.

10 comentarios:

Luis Quijote dijo...

La mujer, absorta, miraba una película con grandes escaleras de mármol de carrara en la mansión llena de sirvientes.
En un momento no pudo menos que comentar a su marido con cierta amargura:

- Ves... ¡Me hubiera gustado vivir en esa época.

¡Pobre!. No consideró que siempre hay un destructor de mitos e ilusiones.

Su marido respondió:

Considerá que, por la cantidad de personajes, seguramente tu rol no hubiera sido el de la dama principal. Por mi parte, me alegro de no ser un limpiador de establos.

Bellota dijo...

Me haces reir!!!! buen fin de semana! besos

BLUEKITTY dijo...

Me costó mucho despegarme de esas malditas ideas de Disney... y darme cuenta que estoy enamorada de un hombre real que lejos está de ser parecido al príncipe de la Sirenita y encima deja la tapa del inodoro levantada!

María dijo...

¡Me quedo con los finales felices de Disney!

Beso!

JADE dijo...

Y ENCIMA CERRÁS CON UNA IMAGEN DE LA INOLVIDABLE JANIS JOPLIN... QUÉ MÁS PEDIRTE?
MARAVILLOSO!!!
UN BESO!!!

Daphne dijo...

jajajajjajajajja

me gusta mucho

Cherry Lips dijo...

Me re cabe ese final !!!!!!!!!!!!!!! Es verdaderamente feliz !!!

Leo dijo...

Hola! muy bueno. Y la foto de Janis la rompe. Esa sonrisa es de final feliz!

iL Hell Dogma dijo...

Si, definitivamente es un mejor final para todos

intruzo99 dijo...

Ja! me cae que si te lee Disney (bueno uno de los encargados) hace la secuela.

Saludos!