Mis amantes me disfrutan de muchas maneras, pero los hay privilegiados. No todos saben de este blog, ni que escribo nuestras aventuras de sábanas. Pero algunos, más afortunados, lo conocen y lo siguen, y se excitan leyéndome, no sólo cogiéndome.
My Lord (¿me permitirá decirle así? ¿me castigará por el atrevimiento?) is pleased with my writting. Y me ha honrado escribiendo para este blog, como entrada especial. No es la primera vez que un amante escribe para El Túnel de mis Piernas, pero, técnicamente, Bart no es mi amante.
Imagino que les interesa saber qué opina él de llenarme el culo de moretones. Les dejo entonces con sus palabras. Disfrútenlas.
Hola. Soy el (casi) cuarentón que ha sido desgraciadamente bautizado con el seudónimo de “Bart” por la veinteañera autora de este blog. A pesar de lo ignominioso del epíteto, acepto utilizarlo para este (y quizás subsiguientes) textos a ser publicados aquí. Y es que esta seudo victoria de la puta (más sobre ese nombre en los párrafos siguientes) le costará. Y cuando digo “le costará”, sé que un cosquilleo le recorré la concha. Así que todos ganamos.
Qué extraño el juego en el que todos ganan, y nadie compite. El BDSM es un juego así: ganancia pura.
La sumisa, una vez entregado el poder simbólico inicial a su dominante, descansa de toda decisión. En efecto, se ve objetificada; pierde su nombre. El apelativo con el que se la va a llamar cobra entonces suma importancia. Debe ser una palabra que pueda entonarse de formas diferentes, con diferentes significados, pero que contenga la idea subyacente del sometimiento.
En el primer encuentro le dije que debíamos ponerle ese nombre, y que ella debía sugerirme algunos hasta encontrar el que me pareciera mejor.
En el segundo encuentro la puta todavía no había pensado un apelativo, y frente a la amenaza del castigo fingió conmoverse, pero no ofreció ninguna propuesta.
Es así que en este acto la nombro puta. ¿Por qué “puta”, una palabra tan común, tan usada? Algunas razones tengo, no todo es capricho.
Primero, “puta” puede ser dicho de muchas formas: amorosamente, con violencia, con furia, con desprecio, con orgullo… un gran rango para una sola palabra.
Segundo, debo admitir que soy un hombre de gustos más bien básicos, y “puta” is as basic as you can get.
Tercero, y lo más importante: la puta en cuestión, la puta que escribe este blog, se arrepiente de su pasado de puta. Le da vergüenza. Siente que perdió cosas por ser puta. Y yo creo que es mi deber, honestamente, que aprenda que también ganó cosas por ser puta. Y que puede ganar más si acepta que es puta por naturaleza en vez de huir de eso.
Porque la sumisión no es sólo a otro: también tiene que ver con la sumisión a lo que uno es; con aceptarse; con amarse lo suficiente como para perdonarse.
En el BDSM nos encontramos con la aceptación de los impulsos que muchos sentimos, y que en la vida diaria nuestro cuerpo ético no nos permitiría ni siquiera considerar. Pero en el juego de la dominación y la sumisión podemos permitirnos ludizar/sexualizar esos impulsos y convertirlos de algo que nos haga mal en algo que nos enriquezca. Ejercer poder, castigar, causar dolor e incomodidad, por un lado y disfrutar de la humillación, del sometimiento, del dolor y la incomodidad, por el otro, se convierten en cuestiones posibles, no en algo a ser rechazado.
Por eso será “puta” esta puta.
Condiciones de buena sumisa no le faltan, eso es real. Tiene la necesidad de complacer que es imprescindible. Es sólo a través de aceptar esa necesidad que tiene de complacer que va a encontrar la liberación.
Que son esas lágrimas que la puta menciona en su post “Que duela”. No son lágrimas de dolor, ni de humillación, ni de vergüenza. Son la única respuesta que tiene el cuerpo para una sensación nueva y diferente que es el espacio al que el sumiso se transporta mientras dura el juego.
Porque es un juego todo, claro. Comienza cuando lo quiere la sumisa, y puede terminar en el instante en el que lo quiera la sumisa. Ese es el gran, liberador, secreto: el poder simbólico lo tengo yo, con mis palabras y mis varillas de madera y mis látigos y rebenques; pero el poder real lo tiene ella, que con una palabra me detiene.
Una palabra, “sakura”, que tuve la satisfacción de oírla decir dos veces en nuestro último encuentro. Es una satisfacción porque quiere decir que estamos tocando un límite y que, al mismo tiempo, ella es lo suficiente consciente como para parar cuando quiere parar.
No es ninguna idiota, esta puta que me agencié. Para nada. Aunque se equivoque con respecto a la cantidad de culos que he hecho en mi vida, siendo un cuarentón casi.
Sí, es pilla. También es una smart-ass, y va a aprender a no serlo conmigo. Me parece que ambos disfrutaremos de ese proceso de aprendizaje.
Ah, y de veras que tiene un hermoso ano.
martes, junio 07, 2011
Invitado especial
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Porteñita Secreta
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BDSM
lunes, junio 06, 2011
Que duela
El segundo encuentro había quedado entre paréntesis. Parece que Bart anda extrañando un amor, pero la señorita no está del todo segura. Así que el martes pasado recibí la confirmación. El jueves a las 23hs volvíamos a jugar.
Quería hacer las cosas bien, muy bien, mejor incluso de lo que esperaba de mí. Me depilé hasta el apellido materno (dejando un triangulito negro como evidencia). Me empilché un conjunto Playboy de tanga y corset rosa y negro, a estrenar. Incluso me pinté las uñas de color rosa catinga, para que hagan juego. Medias negras, botas rosas y toqué el timbre.
El vínculo es indescriptible. Mezcla rara de amigos con senpai y marihuana. Me esperaba con un vino esta vez. La marihuana la aporto yo. Y el culo también. Él aporta las órdenes y la pija.
Aprendí mucho el jueves pasado.
Primero me puso una cadena de bici, de esas forradas con un tubo de plástico, al rededor del cuello. Es un símbolo. Mientras la tenga puesta, dejo de ser mi nombre. Los sumisos usan collares de cuero, pero yo no soy sumisa aún. No me lo merezco.
En corset rosa, medias tres cuartos y tanga, comenzó la sesión.
Primero me tiene que castigar.
Hice algo mal.
¿Qué hice mal?...
Quería hacer todo bien...
El jueves pasado, después de que me fui
encontró un tampón en el baño.
SNAP!
Y ahora, además de contar los golpes
tenés que decir gracias.
Me lo merezco.
Cada golpe.
Cometí un terrible error.
Así que los diez golpes dobles,
fuertes,
los agradecí.
Duele menos. Duele igual. Duele tanto como puede doler.
Me equivoqué con el tampón. Me lo merezco.
Que duela.
Date vuelta.
Te voy a enseñar unas posiciones.
Tenés que aprender a pasar de una a otra de forma rápida y que me complazca.
Sin hacer ruido.
La primera posición es de descanso.
De pie, pies juntos, brazos atrás, manos tomándose los codos.
Mirada al frente.
Me cuesta mirar al frente.
Golpe.
Miro al frente.
No me mires a los ojos.
Golpe.
Miro al frente, a la nada, al horizonte infinito de la pared de enfrente.
Tengo frío.
En la siguiente posición me ofrecés tu boca.
De rodillas, piernas separadas.
Manos detrás de la nuca.
Y la boca abierta.
Más abierta.
Más.
Golpe.
Eso.
Y las piernas separadas
son para que pueda hacer esto.
Y me acarició la concha sobre la tanga.
El cuerpo entero me tembló.
La tercera posición es de espaldas.
Cara contra el piso, culo levantado.
Las manos abriéndote el culo.
Recuerdo la postura que la depiladora indica para hacerte la tira de cola.
Me río.
¿De qué te reís?
Golpe.
La tercera posición es la más humillante.
La cara se aplasta contra el piso.
El culo se expone abiertamente.
El collar pesa y ahoga.
Repasamos las tres posiciones. Y sus transiciones.
Me sale mal. O poco sexy, o muy lento, o hago ruido con las rodillas al caer.
Me clavo en la segunda posición.
Quiere chequear algo.
A ver si puedo tragarme la pija entera.
La pija! Finalmente.
Me sentí honrada siquiera de poder verla.
La sumisión hace milagros...
Pero eso no es una pija.
Es una anaconda attacheada a la entrepierna de mi domador.
Es demasiado gorda.
Con razón re obsesiona el sexo anal, lindo...
Poco culos habrás hecho. Incluso siendo casi un cuarentón.
Pero todo esto son pensamientos tímidos que susurran en mi cerebro.
Si tengo la cadena puesta, soy un ser mínimo. Me pierdo entre el miedo y la timidez, refugiándome en las órdenes y el dolor, única realidad. Me ausento de mí misma. O me hundo en mi propia piel.
Hay algo de mí que no conozco y que aparece cuando Bart me domina.
Tantos otros me han pegado golpes mucho más duros que los suyos, sin levantarme una mano. Golpes al orgullo o al corazón, al sentido común, a las esperanzas.
Quizá sea sentir la violencia de un hombre lo que me atrae. Su explicitud. Su inequívoca intención.
Me quiso coger. Lo intentó.
Estuvo laburándome el orto mucho tiempo, en tercera posición.
Se tentó, admitió después.
Su idea no era cogerme hoy.
Pero tengo un hermoso ano, según sus propias palabras.
Me halaga.
Pero no me coge.
No porque no quiera.
Porque no entra.
Es too much gorda.
Y mirá que relajo y relajo...
...y que él aflojó y laburó...
...pero no entra.
Terminé la sesión en lágrimas.
Nunca lloro. No sé por qué lloraba.
Lloraba para poder hacer algo,
para sacar algo.
Lloraba y me liberaba.
Estas sesiones están haciendo más por mí que varios años de análisis.
Quería hacer las cosas bien, muy bien, mejor incluso de lo que esperaba de mí. Me depilé hasta el apellido materno (dejando un triangulito negro como evidencia). Me empilché un conjunto Playboy de tanga y corset rosa y negro, a estrenar. Incluso me pinté las uñas de color rosa catinga, para que hagan juego. Medias negras, botas rosas y toqué el timbre.
El vínculo es indescriptible. Mezcla rara de amigos con senpai y marihuana. Me esperaba con un vino esta vez. La marihuana la aporto yo. Y el culo también. Él aporta las órdenes y la pija.
Aprendí mucho el jueves pasado.
Primero me puso una cadena de bici, de esas forradas con un tubo de plástico, al rededor del cuello. Es un símbolo. Mientras la tenga puesta, dejo de ser mi nombre. Los sumisos usan collares de cuero, pero yo no soy sumisa aún. No me lo merezco.
En corset rosa, medias tres cuartos y tanga, comenzó la sesión.
Primero me tiene que castigar.
Hice algo mal.
¿Qué hice mal?...
Quería hacer todo bien...
El jueves pasado, después de que me fui
encontró un tampón en el baño.
SNAP!
Y ahora, además de contar los golpes
tenés que decir gracias.
Me lo merezco.
Cada golpe.
Cometí un terrible error.
Así que los diez golpes dobles,
fuertes,
los agradecí.
Duele menos. Duele igual. Duele tanto como puede doler.
Me equivoqué con el tampón. Me lo merezco.
Que duela.
Date vuelta.
Te voy a enseñar unas posiciones.
Tenés que aprender a pasar de una a otra de forma rápida y que me complazca.
Sin hacer ruido.
La primera posición es de descanso.
De pie, pies juntos, brazos atrás, manos tomándose los codos.
Mirada al frente.
Me cuesta mirar al frente.
Golpe.
Miro al frente.
No me mires a los ojos.
Golpe.
Miro al frente, a la nada, al horizonte infinito de la pared de enfrente.
Tengo frío.
En la siguiente posición me ofrecés tu boca.
De rodillas, piernas separadas.
Manos detrás de la nuca.
Y la boca abierta.
Más abierta.
Más.
Golpe.
Eso.
Y las piernas separadas
son para que pueda hacer esto.
Y me acarició la concha sobre la tanga.
El cuerpo entero me tembló.
La tercera posición es de espaldas.
Cara contra el piso, culo levantado.
Las manos abriéndote el culo.
Recuerdo la postura que la depiladora indica para hacerte la tira de cola.
Me río.
¿De qué te reís?
Golpe.
La tercera posición es la más humillante.
La cara se aplasta contra el piso.
El culo se expone abiertamente.
El collar pesa y ahoga.
Repasamos las tres posiciones. Y sus transiciones.
Me sale mal. O poco sexy, o muy lento, o hago ruido con las rodillas al caer.
Me clavo en la segunda posición.
Quiere chequear algo.
A ver si puedo tragarme la pija entera.
La pija! Finalmente.
Me sentí honrada siquiera de poder verla.
La sumisión hace milagros...
Pero eso no es una pija.
Es una anaconda attacheada a la entrepierna de mi domador.
Es demasiado gorda.
Con razón re obsesiona el sexo anal, lindo...
Poco culos habrás hecho. Incluso siendo casi un cuarentón.
Pero todo esto son pensamientos tímidos que susurran en mi cerebro.
Si tengo la cadena puesta, soy un ser mínimo. Me pierdo entre el miedo y la timidez, refugiándome en las órdenes y el dolor, única realidad. Me ausento de mí misma. O me hundo en mi propia piel.
Hay algo de mí que no conozco y que aparece cuando Bart me domina.
Tantos otros me han pegado golpes mucho más duros que los suyos, sin levantarme una mano. Golpes al orgullo o al corazón, al sentido común, a las esperanzas.
Quizá sea sentir la violencia de un hombre lo que me atrae. Su explicitud. Su inequívoca intención.
Me quiso coger. Lo intentó.
Estuvo laburándome el orto mucho tiempo, en tercera posición.
Se tentó, admitió después.
Su idea no era cogerme hoy.
Pero tengo un hermoso ano, según sus propias palabras.
Me halaga.
Pero no me coge.
No porque no quiera.
Porque no entra.
Es too much gorda.
Y mirá que relajo y relajo...
...y que él aflojó y laburó...
...pero no entra.
Terminé la sesión en lágrimas.
Nunca lloro. No sé por qué lloraba.
Lloraba para poder hacer algo,
para sacar algo.
Lloraba y me liberaba.
Estas sesiones están haciendo más por mí que varios años de análisis.
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jueves, junio 02, 2011
La difícil
Tengo bichito nuevo. Se llama Gonzalo, ponele. Se me antoja. Lo veo mucho porque es amigo de mi roomate. Es gordito y con cara de bueno. Tiene una mirada de miel que me endulza el corazón. Es histeriquito también. Y yo estoy jugando a la difícil. Yo, difícil! ¿Se la imaginan? A ver si siendo menos puta las cosas salen distinto. Capaz terminan saliendo igual. Se me acuesta al lado y no hace nada, el amorsis timidón. Una noche dormimos así, en una cama de una plaza. Y no sapó niente. Al día siguiente me contó que dormida giré y lo tiré al piso. Ups. Sori.
El sábado se volvió a quedar. Esta vez fue la cama grande. No hacía nada. Otra vez. Acostados, te miro, te reís, me mirás, me río yo, cierro los ojos, tenés sueño? No. Yo tampoco... No te duermas. No te duermas. Y se durmió. Y lo desperté con un beso y se rió. Te dije que no te duermas.
Y nos comimos la boca el sábado, durante horas y horas. Esos chapes fuertes y cariñosos, besos oxímoron, pasión tímida. Sin ropa no paramos más. No me la saques. Me sale la difícil! Es fabuloso no coger, y simplemente disfrutar el placer que produce todo lo demás. Los mimos me hacen sonreir y exhalar. No gimas así, es demasiado. Te encontré un punto débil. Primer chape y ya te empecé a mapear. El cuello te vuelve loco. Hija de puta, me dice, y me salta encima de nuevo y me aprieta las muñecas y me destroza la boca. Me encanta. Me re divertí. Quiero más.
Pero esta noche, no.
Esta noche me fajan.
El sábado se volvió a quedar. Esta vez fue la cama grande. No hacía nada. Otra vez. Acostados, te miro, te reís, me mirás, me río yo, cierro los ojos, tenés sueño? No. Yo tampoco... No te duermas. No te duermas. Y se durmió. Y lo desperté con un beso y se rió. Te dije que no te duermas.
Y nos comimos la boca el sábado, durante horas y horas. Esos chapes fuertes y cariñosos, besos oxímoron, pasión tímida. Sin ropa no paramos más. No me la saques. Me sale la difícil! Es fabuloso no coger, y simplemente disfrutar el placer que produce todo lo demás. Los mimos me hacen sonreir y exhalar. No gimas así, es demasiado. Te encontré un punto débil. Primer chape y ya te empecé a mapear. El cuello te vuelve loco. Hija de puta, me dice, y me salta encima de nuevo y me aprieta las muñecas y me destroza la boca. Me encanta. Me re divertí. Quiero más.
Pero esta noche, no.
Esta noche me fajan.
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Gonza
lunes, mayo 30, 2011
Primeras órdenes
Se conectó al chat de Facebook. Nunca se conecta al chat de Facebook. Quiere coger.
Qué hacés, cómo andás, che no te querés venir "a fumar"? No cené, compro empanadas y llevo. Acá quedó el vino que trajiste el otro día. Y traé unos chicles. ¿Cuáles? Beldent Infinit. De menta. No me bañé. Bañate acá. Yeah, right. Get moving.
Timbre, "Delivery" bromeé y bajó el (casi) cuarentón. Yo no tengo hambre. Podés bañarte mientras yo como. Dale.
Ducha, toallas, bombacha limpia. La otra se me había manchado - me indispuse camino a su casa. Un poco de mala suerte entre tanta expectativa. Elegí la tanguita negra. La tanguita negra siempre garpa. No sabía qué íbamos a hacer, pero sabía que tenía que garpar. Al menos mi bombacha.
Fumamos de mis flores, que cada día están mejor, y charlamos nimiedades importantes que olvidé completamente. Me enteré que iba a ser su primera vez también. Yo pensaba que, con todo el porno BDSM que dice haber visto, al menos una vez lo habría practicado. Pero no. Tan beginner como yo. Interesante.
Silencio. De pie y moviendo la mesa, "Tenés que elegir una palabra". Se retiró a la habitación. Quedé sola y nerviosa, incluso un poco asustada. ¿Cuál serviría mejor? En el sadomasquismo es clave tener una palabra de seguridad, para detener la acción cuando se va de control.
Volvió con algo parecido a una fusta de madera, finita, con una miniespátula al final. "Sakura" le dije. ¿Sakura? ¿Por qué? Es que es tan dulce y gentil, tan nada que ver con la violencia. Sakura, entonces.
Levantate.
Ponete en cuatro sobre el sillón.
Levantá el culo. Más. Más. Levantá el culo te digo, y un golpe seco. Duele.
Eso.
Bajate el pantalón hasta las rodillas.
Pude oírlo sonreir ante la tanguita negra.
Y golpeó. Y preguntó. Y volvió a golpear.
No disfruto los golpes. No me dan placer.
Pero tengo mucha tolerancia al dolor.
Y hay algo en la humillación que me viene bien.
Aguanto.
SNAP!
Grito.
¿Cuántos de esos pensás que podés aguantar?
Uno.
¿Uno?
SNAP!
Tienen que ser mínimo diez...
...uno en cada cachete.
Tenés un culo diseñado para ser azotado.
Gracias, amo.
Golpe.
Tenés que ganarte el decirme amo.
Diez golpes. Diez golpes dobles. Son veinte golpes.
Tenés que contarlos. En voz alta. Dos veces cada uno.
SNAP!
Grito.
...uno...
No te escuché.
SNAP!
UNO!
No tenés que gritar.
SNAP!
Uno...
Bien. SNAP!
Uno...
SNAP!
Dos...
SNAP!
Ay... dos...
Bien, muy bien.
SNAP!
Tres...
Hasta diez.
Podía sentir la sangre aglutinándoseme en el culo, moretoneándomelo.
Van a quedar marcas.
Sacate la ropa.
La tanga no.
Doblala bien.
Más rápido.
No me hagas esperar.
Sentate en el sillón.
Y se dispuso a decorarme las tetas con broches de ropa. De madera.
No duelen. Nada.
Sólo hipersensibilizan.
Incluso en la lengua.
Ahora date vuelta.
Y me empezó a hacer el orto.
No con la pija, con los dedos.
Paciente, sabiamente. Un tipo que sabe hacer el culo. Ningún amateur.
Me relaja, me tienta. Acaricia mis cachetes morados por sus golpes, supersensibilizados. Me excita. Recién ahora me excita.
El culo bien hecho es hermoso. Relajante y muy placentero.
Primero un dedo.
Después el otro.
Y fue el tercero.
Con él, mi orgasmo.
No cogimos.
No si a todo esto no se le llama coger.
Qué hacés, cómo andás, che no te querés venir "a fumar"? No cené, compro empanadas y llevo. Acá quedó el vino que trajiste el otro día. Y traé unos chicles. ¿Cuáles? Beldent Infinit. De menta. No me bañé. Bañate acá. Yeah, right. Get moving.
Timbre, "Delivery" bromeé y bajó el (casi) cuarentón. Yo no tengo hambre. Podés bañarte mientras yo como. Dale.
Ducha, toallas, bombacha limpia. La otra se me había manchado - me indispuse camino a su casa. Un poco de mala suerte entre tanta expectativa. Elegí la tanguita negra. La tanguita negra siempre garpa. No sabía qué íbamos a hacer, pero sabía que tenía que garpar. Al menos mi bombacha.
Fumamos de mis flores, que cada día están mejor, y charlamos nimiedades importantes que olvidé completamente. Me enteré que iba a ser su primera vez también. Yo pensaba que, con todo el porno BDSM que dice haber visto, al menos una vez lo habría practicado. Pero no. Tan beginner como yo. Interesante.
Silencio. De pie y moviendo la mesa, "Tenés que elegir una palabra". Se retiró a la habitación. Quedé sola y nerviosa, incluso un poco asustada. ¿Cuál serviría mejor? En el sadomasquismo es clave tener una palabra de seguridad, para detener la acción cuando se va de control.
Volvió con algo parecido a una fusta de madera, finita, con una miniespátula al final. "Sakura" le dije. ¿Sakura? ¿Por qué? Es que es tan dulce y gentil, tan nada que ver con la violencia. Sakura, entonces.
Levantate.
Ponete en cuatro sobre el sillón.
Levantá el culo. Más. Más. Levantá el culo te digo, y un golpe seco. Duele.
Eso.
Bajate el pantalón hasta las rodillas.
Pude oírlo sonreir ante la tanguita negra.
Y golpeó. Y preguntó. Y volvió a golpear.
No disfruto los golpes. No me dan placer.
Pero tengo mucha tolerancia al dolor.
Y hay algo en la humillación que me viene bien.
Aguanto.
SNAP!
Grito.
¿Cuántos de esos pensás que podés aguantar?
Uno.
¿Uno?
SNAP!
Tienen que ser mínimo diez...
...uno en cada cachete.
Tenés un culo diseñado para ser azotado.
Gracias, amo.
Golpe.
Tenés que ganarte el decirme amo.
Diez golpes. Diez golpes dobles. Son veinte golpes.
Tenés que contarlos. En voz alta. Dos veces cada uno.
SNAP!
Grito.
...uno...
No te escuché.
SNAP!
UNO!
No tenés que gritar.
SNAP!
Uno...
Bien. SNAP!
Uno...
SNAP!
Dos...
SNAP!
Ay... dos...
Bien, muy bien.
SNAP!
Tres...
Hasta diez.
Podía sentir la sangre aglutinándoseme en el culo, moretoneándomelo.
Van a quedar marcas.
Sacate la ropa.
La tanga no.
Doblala bien.
Más rápido.
No me hagas esperar.
Sentate en el sillón.
Y se dispuso a decorarme las tetas con broches de ropa. De madera.
No duelen. Nada.
Sólo hipersensibilizan.
Incluso en la lengua.
Ahora date vuelta.
Y me empezó a hacer el orto.
No con la pija, con los dedos.
Paciente, sabiamente. Un tipo que sabe hacer el culo. Ningún amateur.
Me relaja, me tienta. Acaricia mis cachetes morados por sus golpes, supersensibilizados. Me excita. Recién ahora me excita.
El culo bien hecho es hermoso. Relajante y muy placentero.
Primero un dedo.
Después el otro.
Y fue el tercero.
Con él, mi orgasmo.
No cogimos.
No si a todo esto no se le llama coger.
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viernes, mayo 20, 2011
Fantasías animadas de ayer y de hoy
Hoy tuve una muy importante entrevista de trabajo, así que anoche me costó dormirme. Me desperté antes de que sonara la alarma del celular, impaciente. Bañada, vestida, maquillada y perfumada, me emprolijé el esmalte y salí a la calle.
Una hora y media después, a media mañana, salía de la entrevista muy satisfecha. Estaba más relajada y tenía hambre (no había desayunado), así que entré a un café, pedí un café con leche y un tostado y me senté a mirar por la ventana un rato.
Tenía el resto del día libre, así que me fui a mi casa y me acosté a descansar un rato. Tuve sueños vívidos y maravillosos, llenos de hombres y miradas, con colores y torsos desnudos, una locura. Me desperté a las cuatro horas, relajada.
Si hay algo que me gusta más que dormir, es quedarme en la cama despierta. Acostada, abrazo las almohadas, me cubro con las sábanas, cierro los ojos y empiezo a fantasear...
Por motivos que mantendré ocultos, hacía mucho que no tenía un momento de paz y soledad en el que pudiera tocarme en paz. Extrañaba la paja. Y esta semana recolecté un par de candidatos que me dieron abundante material...
El primero es un señor mayor de casi 40 años que se jacta de practicar BDSM como un fuerte macho dominante. La diferencia de edad y de experiencia me pone en un lugar interesante, novedoso y muy cachondo, sobre todo cuando me dice que me manietaría y me obligaría a tomar una línea de merca mientras me da unos chirlos. Me calienta la idea, pero estoy advertida: sería una relación puramente sexual. Nada que no haya conocido antes, pero resulta que no es lo que ando buscando. Lo cual me lleva a un paréntesis.
(Hace tres meses que estoy sin coger. Es el período más largo que he pasado célibe desde que perdí la virginidad hace 10 años. Y no porque no faltan oportunidades. Simplemente, creo que después de abrir tanto las piernas y haber conocido amantes tan maravillosos, llega un punto en el que el sexo se vuelve aburrido con los amantes mediocres. Así que dejé de coger, esperando a alguien que desee profundamente.)
De modo que tenemos un caballero, llamémoslo, jocosamente, Bart, que me ofrece introducirme en el apasionante mundo del sadomasoquismo de su dulce mano dominante. Tengo que admitir que la idea es tentadora. Además, el papel de dominada me seduce fuertemente. Siempre soy yo la que tengo el control. No estaría nada mal relegárselo a este interesante señor.
Pero me comí los mocos. La última vez que fui a visitarlo la tensión llegó al máximo entre dos copas de vino. Se recostó contra el sofá y clavándome los ojos ordenó con voz grave: "Levantate". Sonreí, tomé vino y me quedé sentada. El momento pasó y luego fue demasiado tarde.
Cerré los ojos y bajé la mano izquierda (soy zurda para autocomplacerme) mientras me imaginaba con los ojos vendados por satén negro, todo negro y yo desnuda, o casi, con sogas que me aprietan las tetas y una mano que me dice guarangadas mientras me aprieta la garganta. Una sola orden, la única que escuché, resonaba en mi cabeza: "Levantate". Acabé dos veces y sonreí. Esta se va a dar. Esta se tiene que dar.
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Porteñita Secreta
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domingo, marzo 20, 2011
Lo que hay
Cuánta auto exigencia, mujer. Borrar, cambiar, seguir, mejorar, a dónde va todo esto? En un tren hacia los 25, ya estás grande y sos pendeja, irresponsable e inteligente, un talento desperdiciado en tardes de Cuevana y novios ajenos. Fumando y comiendo y bebiendo irresponsablemente, y soñando con conducir - literalmente, sueño mucho que manejo.
De todo lo que tiene esta crisis, lo peor es no poder escribir. Tengo standars de calidad que cumplir, post adorables y cachondos que decorar... bullshit. Todo lo que tengo es un montón de tiempo vacío feeling sorry for myself y cuidando plantas de marihuana. La vida no es como te imaginabas, por más que no te hubieras imaginado nada en particular. Las verdades se desmoronan, querida, qué estás buscando? ¿Respuestas? Si te enamorás de lo bien que cogen, vos. ¿Control? ¿De qué? ¿De las consecuencias? Forget it, mami. No leas lo que escribiste, no corrijas, sólo seguí tipeando. Las cosas pueden ser mucho más sencillas.
Y pensar que saliste del Buenos Aires... Me reencontré por Facebook con un viejo maestro de la primaria, sorprendido por la institución de educación secundaria a la que asistí. ¿Será todo su culpa? ¿La del Colegio, con mayúscula sin más? Esa exigencia que hicieron germinar y crecer dentro tuyo, desde que tenías 12 años, te llamaban "aspirante a alumna" y no te dejaban pisar la alfombra roja de las imponentes escaleras de mármol. Blame it on the institution, I say. Total.
Buscando una forma de estar mejor, sin máximas, ni fórmulas. Las fórmulas no funcionan. Pero no es desesperante, es liberador. No hay un código correcto, dejá de buscar por lo que está bien y lo que está mal. No es para tanto. Nada es para tanto.
De todo lo que tiene esta crisis, lo peor es no poder escribir. Tengo standars de calidad que cumplir, post adorables y cachondos que decorar... bullshit. Todo lo que tengo es un montón de tiempo vacío feeling sorry for myself y cuidando plantas de marihuana. La vida no es como te imaginabas, por más que no te hubieras imaginado nada en particular. Las verdades se desmoronan, querida, qué estás buscando? ¿Respuestas? Si te enamorás de lo bien que cogen, vos. ¿Control? ¿De qué? ¿De las consecuencias? Forget it, mami. No leas lo que escribiste, no corrijas, sólo seguí tipeando. Las cosas pueden ser mucho más sencillas.
Y pensar que saliste del Buenos Aires... Me reencontré por Facebook con un viejo maestro de la primaria, sorprendido por la institución de educación secundaria a la que asistí. ¿Será todo su culpa? ¿La del Colegio, con mayúscula sin más? Esa exigencia que hicieron germinar y crecer dentro tuyo, desde que tenías 12 años, te llamaban "aspirante a alumna" y no te dejaban pisar la alfombra roja de las imponentes escaleras de mármol. Blame it on the institution, I say. Total.
Buscando una forma de estar mejor, sin máximas, ni fórmulas. Las fórmulas no funcionan. Pero no es desesperante, es liberador. No hay un código correcto, dejá de buscar por lo que está bien y lo que está mal. No es para tanto. Nada es para tanto.
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Porteñita Secreta
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martes, febrero 08, 2011
Un año después de terminar
Tenía unas ganas afiebradas de empujarte en la cama y aprisionarte toda la noche. Que luches, te resistas, trates de evitar ese gran error que sería volver a cogerme, a caer en mis dulces manos que tanto placer te enseñaron, que extrañaste y reconocés pero les tenés un cagazo horrible. Quería que me pelearas, resistiéndote a mi boca que te destroza el cuello a besos bien mordidos, mis manos que te atrapan el hombro y la cabeza, obligándote a inclinarla, manejando el control de tu cerebro. Te agarraría del pelo y tiraría, ofreciéndome tu aorta enloquecida que bombea fuera de control, mientras con tus fuertes brazos tratás de separarme, de sacarte de encima ese fantasma de pasado hecho carne otra vez. Pero estoy sentada en tu pelvis y recordás que tengo más fuerza de la que parece, esposándote las muñecas arriba de la cabeza, con mis propias manos. Y entonces te besaría despacio, con amor, con todo el amor que me despiertan tus besos perdidos, la frente, la sien, los pómulos y la boca, dulcemente, con la punta de la lengua, aflojándote, derritiéndote, derrotando esa parte de vos que no quiere equivocarse, y entonces me abrazarías otra vez, dejando correr el deseo por tus venas, respirando mi perfume y mis besos, arrancándome la ropa y devorándome la piel.
Pero como no soy tan malvada, me ubico, por rescatada, y te propongo ir al estudio en vez de quedarnos en la habitación. Y todo lo que alguna vez hicimos pero no volvimos a repetir se vuelve cuento de mi blog.
Pero como no soy tan malvada, me ubico, por rescatada, y te propongo ir al estudio en vez de quedarnos en la habitación. Y todo lo que alguna vez hicimos pero no volvimos a repetir se vuelve cuento de mi blog.
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